lunes, 10 de abril de 2017

Netflix presenta tus NO típicas películas de Semana Santa

¿Eres de la generación que solo ve Ben-Hur, Los 10 Mandamientos (las dos con Charlton Heston de protagonista) o Jesús de Nazareth (la de 1977) durante la Semana Santa? O, ¿quizá vez algo con un poco más de acción como Quo Vadis?  

Pues creo que llegó el momento de actualizar tu repertorio y ver estas películas No tan típicas en Semana Santa que nos trae Netflix Latinoamérica pero que te harán reír, llorar y reflexionar sobre el verdadero significado cristiano y católico de Semana Santa. Y ¿por qué no? También cuestionar a la Iglesia, el mundo y el verdadero significado del cristianismo.

Sin más acá van mis 5 favoritas. Las 5 me han hecho reír, cuestionarme y reflexionar sobre mi fe y lo que significa ser creyente hoy.
Poster película tierra de María

1.       Tierra de María: Mary’s Land. Director: Juan Manuel Cotelo. España, 2013
Es una película hecha en corte de documental (entrevista a gente de la vida real). Súper entretenida. En la película un católico común y corriente es el nuevo “abogado del diablo” cuya misión es investigar a la gente que aún confía en las “recetas del Cielo”. ¿De verdad siguen creyendo en eso? ¿son charlatanes? ¿crédulos? ¿0?...  

poster película salvados

2.       Saved! Director: Brian Danely. USA, 2004
Me encanta. Súper entretenida y reflexiva. Ideal para verla con adolescentes (actuales y los que fuimos, jejeje). Es una típica “teen movie” pero con la particularidad de poner en claro lo que es importante en cuanto a la religión se trata. En un high school cristiano una alumna sale embarazada, pero quien mejor actúa al respecto no es El Pastor ni la chica más “rezadora”. Oportunidad para ver a Macaulan Caulkin y Mandy Moore junto a varios ídolos adolescentes de aquel entones.   



3.      
La Biblia – La Miniserie. Directores: Roma Downey, Mark Burnett. USA, 2013
Lo que más me gusta de esta miniserie es que ha sido realizada bajo la guía de los reputados historiadores Dirk Hoogstra y Julian P. Hobbs además, la serie se estrenó en History Channel (lo que para mí es una garantía que atrás hay una investigación seria).
Poster película Philomena

4.       Philomena. Director: Stephen Frears. Inglaterra-USA, 2013
      Un dramón de la vida real. Esta película acumuló muchos premios de la crítica especializada. Philomena está basada en el libro The lost child of Philomena Lee de Martin Sixsmith, que narra la verdadera historia de Philomena Lee y la búsqueda de su hijo durante cincuenta años. Esta película sirve para reflexionar sobre el abuso de poder en la Iglesia y los atropellos que se cometieron. Para que no vuelva a ocurrir jamás.

5.       Dios No está muerto 2. Director: Harold Cronk. USA, 2016
La 2, porque la 1 es demasiado cliché para mi gusto. Además, esta tiene como protagonista a mi ídolo infantil Melissa Joan Hart. Ojo, es una película cristiana, cristiana desde el primer segundo. El sound track también es Cristiano.  Pero, la peli invita a preguntar hasta dónde estamos dispuestos a llegar por nuestra fe.

Dios No existe película 2


                                                                                                                                                           Finalmente, no podía faltar la recomendación de películas para niños. Ambas de DreamWorks.

Películas para niños en Semana Santa
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1.       José, el rey de los sueños. La historia de José. ¿No la sabes? Pues mira la peli, porque es tal cual la encuentras en la Biblia.



2.       El príncipe de Egipto. Es la historia de Moisés. ¿Tampoco la sabes? Entonces te recomiendo que empieces ya con la recomendación #3. El documental de la Biblia porque estás bien atrasad@.

    Y bueno, eso es todo. Feliz Semana Santa para tod@s!!

martes, 4 de abril de 2017

Mi cama es mía y sólo mía

… ¡y en mi cama solo se duerme, se mira tele y se tiene sexo!

Eso nos gritaba mi hermana a voz en cuello a mis primas y a mí hace un par de semanas. Nos habíamos juntado en una noche de primas y yo me estaba quejando de lo mal que duermo últimamente pues, diariamente soy víctima de múltiples invasiones nocturnas a mi cama. Lamentablemente para mí, no puedo decir como mi hermana, que mi cama es mía y sólo mía. En algún momento la perdí y hoy le pertenece a toda mi familia. Y eso estaría bien si yo fuera practicante y/o promotora del colecho, pero NO lo soy. Y no sólo eso, estas invasiones nocturnas están arruinando mi descanso, mi nivel de energía, mi humor y hasta mi vida sexual.

Mi hermana, fiel seguidora de Tracy Hogg, admiradora del método Ferber y autora del célebre post: “Si tu hijo no duerme, es tu culpa” (clic acá para leerlo) es fiel creyente que a los niños hay que enseñarles a dormir, y enseñarles a dormir solos es uno de los mejores regalos que una madre le puede dar a sus hijos. Con esto, mis dos sobrinos de 2 y 4 años duermen solitos corrido todas las noches, y JAMÁS se pasan a la cama de sus papás. Si tienen pesadillas o se sienten mal, apenas se asoman a la esquina del cuarto de mi hermana (no entran) y la llaman. Ella o mi cuñado van y los acompañan de regreso a sus cuartos y ahí los dejan durmiendo de nuevo. Por otro lado, mi prima también es seguidora de Tracy Hogg y su método; y aunque no es tan fiel ni estricta como mi hermana sus hijos no se pasan todas las noches, toda la noche.


Así que estoy sola. No sé en qué momento perdí el control de la situación. Pero, creo que fue hace casi 4 años atrás cuando nació mi última hija y entre las lactadas nocturnas y el agotamiento diario, caía como un tronco en mi cama y no me importaba si tenía a todo el vecindario durmiendo dentro. Mi esposo también andaba muerto y así, nos dejamos ganar. El problema es que ahora los 3 se pasan casi todas las noches. Y si no son los 3, por lo menos 2 de ellos se pasan y encima mis hijos - los 3 - son gigantes. No son unos chiquititos pequeñitos que casi no se los siente. No, para nada. Son grandazos y ocupan un montón de espacio.

La situación se ha agravado con el regreso a clases, pues en el verano mi hijo mayor no sólo dormía en su cama toda la noche. Si no, se acostaba solo. La segunda y la tercera no se pasaban con la misma intensidad ni frecuencia que ahora. Por lo que definitivamente hay un factor de ansiedad y estrés muy fuerte en estas visitas nocturnas. Factor, que tengo que tomar en consideración.

Pero, estoy preparada para reclamar mi cama de nuevo. Volver a tomar posesión de ella. Tengo acá varios libros de niños para incentivarlos a dormir solos: el de psicólogas S.O.S, uno que tomé prestado de la biblioteca de una amiga y otros dos que me compré por internet. Tengo libros en español y en inglés (por si no les entra en un idioma). Mi esposo y yo estamos alineados, volví a leer a Tracy Hogg y a Winnicott y estoy mentalizada. ¡I’m ready!

Con mucho amor y con mucho respeto mis hijos se van de mi cama, y espero pronto poder decir como dice mi hermana: ¡Mi cama es mía y sólo mía, y sólo será usada para dormir, ver tele y tener sexo!


Dios ayúdame.

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Cómo puedo ayudar a los damnificados de los huaycos?

A estas alturas ya todos somos conscientes de la grave situación por la que está pasando nuestro querido país. Desbordes, huaycos, “diluvios”, cortes de agua, racionamientos y similares son parte de nuestro vocabulario diario y de nuestro día a día. Ante tanta catástrofe y necesidad muchas nos preguntamos ¿Cómo puedo ayudar a quienes perdieron todo por los huaycos? ¿Qué puedo hacer si no estoy en la posibilidad de salir a las zonas de emergencia a ayudar?
Holding hands helping Perú in huaycos

Creo que muchas nos sentimos impotentes de no poder hacer más, de no poder ir en persona a las zonas afectadas por los huaycos a quitar lodo, recuperar vías y viviendas, a ofrecer un abrazo y dar apoyo, a repartir donaciones (asegurándonos de paso que lleguen a quienes más lo necesitan). Ser un poco más Indiana Jones y menos Martha Stewart, por un momento. Muchas nos quedamos en casa cuidando de nuestra propia manada y sentimos que no hacemos suficiente.

Si tú eres de las que siente que no hace suficiente y quiere hacer más aquí te dejo algunos ejemplos de cómo hacerlo recogidos de gente que está en la zona de acción o madres que ayudan como cuando eran "niñas scouts":

1.       NO retransmitas mensajes, ni audios, ni fotos cuyas fuentes no hayas podido verificar. Sí, incluso ese mensaje que mandó una mamá al chat del salón ese en el que dice que su cuñada, prima, - pon un familiar no tan cercano acá - trabaja en Sedapal o similares. Retransmitiendo esos mensajes solo generarás más olas de pánico y caos. Aunque no lo creas, ayudas MUCHO manteniendo y generando calma en estos momentos de angustia generalizada.

2.       Dona. Dona todo lo que puedas y mejor si lo haces siguiendo los pedidos específicos de necesidades.  Actualmente se necesita: artículos de aseo: pasta y cepillos de dientes, gel desinfectante de manos, pañitos húmedos, repelente, bloqueador, velas, fósforos, pilas y linternas, colchones, botas de jebe y comida enlatada lista para comer.

3.       Puedes ofrecer tu casa como centro de acopio. Quizá tienes muchas vecinas, amigas, familiares que quieren donar y no saben a dónde o no tienen tiempo de llevar sus donaciones, puedes ofrecer tu casa como punto de acopio y llevar las donaciones a un centro de tu confianza. Algunas empresas de taxi llevan donaciones de manera gratuita. Centros de acopio 1: clic acá y centros de acopio 2: clic acá

4.       ¿Puedes salir de casa por algunas horas? El centro de acopio de Palacio de Gobierno está en constante necesidad de voluntarios. (En el mismo palacio, en el centro de Lima).

5.       NO critiques, no insultes. Si no te parece bien lo que está haciendo el gobierno, la oposición, el partido político que más odias o tu amiga/o figuretti de Facebook que se toma selfies entregando donaciones con el huayco de fondo, está bien. Estás en tu derecho. Pero, no ataques, pelees, ni te burles (este último va para mí). Cada uno ayuda como sabe hacerlo.

6.       No te quejes por favor. Sí; esto de no tener agua es horrible. Pero, no ganamos nada quejándonos en nuestras redes sociales y fomentando la histeria y el desorden.

7.       Reza, ora, medita y/o manda buenas vibras. No importa cuál sea tu religión o creencia necesitamos rezar por nuestro país, por los damnificados. El poder de la oración es fuerte. Si eres de los bendecidos que no ha sido afectad@, agradece.

Aunque no lo crean haciendo estas 7 cosas ayudamos mucho. No debemos sentirnos mal por no estar en la zona de acción o por no tener nada impresionante que hacer. Son las pequeñas cosas del día a día, las que hacen las mayores diferencias.


#FuerzaPerú #UnaSolaFuerza

martes, 28 de febrero de 2017

La hiperactividad el déficit de atención y yo


Hace tiempo que tenía la idea de escribir sobre mi experiencia personal con el déficit de atención y la hiperactividad pero, no fue hasta que asistí al santo de un amigo de mi hijo de 6 años – dónde las mamás presentes conversaban sobre el pésimo comportamiento de un niño - que tuve un deja vú a mi propia infancia y me animé a hacerlo. Efectivamente, el niño del santo era un poco (bastante) más movido que el resto. Las mamás no entendían lo que había atrás del comportamiento del niño. Yo sin embargo, lo entendí de inmediato; era un niño hiperactivo. Esa noche me dije a mi misma que había llegado el momento de sincerarme con el mundo y conmigo misma.

Así que acá va, espero que mi experiencia sirva para ayudar tanto a las mamás cuyos hijos pasan por lo mismo que yo pasé, como a las mamás cuyos hijos son amigos de un niño que tiene algún tema que lo hace distinto al resto (¡aunque todos los niños son distintos!).

Cuando cursaba segundo grado de primaria en mi colegio les pidieron a mis papás - como condición para continuar – que un neurólogo y un psiquiatra me evalúen y determinen porqué razón no paraba de moverme y mi nivel académico era tan bajo. Luego de ser evaluada, y con las pocas herramientas que se tenían en aquel entonces los doctores llegaron a las siguientes conclusiones: 1) era hiperactiva. 2) tenía déficit de atención. 3) tenía un alto nivel de inteligencia lo que traía que me moviera más, me aburriera más, e hiciera cosas mucho más “terribles” y “malcriadas” que un niño “normal”. Con ese diagnóstico las monjas les pidieron a mis papás que me cambien a un colegio más acorde con mis necesidades. Ellas no iban a cambiar su sistema. Así que, mis papás me cambiaron a un colegio nuevo, personalizado, pequeño, sólo de mujeres y católico en donde iban a tener la paciencia para “aguantar” mis cosas (no sé si fue lo mejor, pero es lo que había en esa época).

El colegio para mí fue una experiencia muy difícil. Lo fue porque yo era distinta y muchas profesoras, algunas compañeras y sus madres no lo entendían y me lo hacían notar. Yo no era una niña de 8 años, yo era una malcriada, terrible, la peor de la clase y ellas tenían que aguantarme. Mi infancia pasó así, siendo “aguantada”. Por un lado, esto fue muy difícil, pero por otro me hizo adquirir carácter, un carácter fuerte, que me enseñó a enfrentarme a todo y a todos. Me creí el papel de terrible y aprendí sobrevivir como tal…

Nunca olvidaré como en quinto grado una niña hizo una fiesta inmensa e invitó a todo el salón menos a mí. Yo era la terrible y la mamá de la niña pensaba (quizás con razón) que podía quemar su casa… Hay cosas que se te graban y te enseñan a ser fuerte.

Al pasar los años mi comportamiento fue de mal en peor, no podía tener un cuaderno con letra al nivel que debía estar, no sé cómo aprendí a leer, no sabía restar, apenas sumar ¿química? Las profesoras ya no jalaban y se rendían ante mis ganas de no querer estar ahí. No voy a ser mezquina, tuve profesoras maravillosas que me tenían paciencia y entendían mi condición, pero también había otras, así como chicas de mi clase que pensaban que yo era una fresca y tenía “privilegios” porque al final no me expulsaban. Ese grupo de personas me declaró la guerra, inclusive hasta hoy me encuentro con comentarios desafortunados de alguna de ellas… y bueno, así pasaba mi día a día, llenándome de odios, rabias, y sin entender por qué yo no era igual a las que me lo decían todo el día.

Hasta que un día se abrió un curso de golf para niños y niñas, y mi mamá me matriculó. Obviamente, no pude estar quieta más de 5 minutos y la clase fue un desastre; al terminar el profesor vio a mi mamá y le dijo: señora esta niña no debería jugar golf, ella debería hacer algo más activo (yo tenía 11 años y estaba ahí escuchando mientras se lo decía). Otra vez, yo no era para algo y el mundo se encargaba de hacérmelo saber. Pero en esa oportunidad, decidí - a mi corta edad - que nadie más me iba a decir lo que yo podía o no podía hacer. Así que le dije a mi mamá (maravillosa mamá) que quería seguir con el golf, y ella, sin dudarlo, aceptó. 

Conociéndome, mi mamá me propuso: “si tú haces una hora de golf, yo te pago 10 soles. Por cada hora te pago 10 soles”. Así empezó mi travesía por la “cura” de mis males. Al día siguiente, empecé a jugar golf a las 9 de la mañana, y golpeé bolas sin tener idea de del deporte, por más de 5 horas, sin parar ni siquiera para ir al baño o tomar agua. Era tal el show que llamó la atención de un profesor muy mayor que estaba cerca. Al ver mis manos luego de las 5 horas de juego, todas rojas y llenas de heridas, me dijo que quería enseñarme a jugar, y que él me iba hacer campeona. Él por su edad no tenía muchos alumnos y a mí me sonó cool que por primera vez, alguien más que mi mamá, me dijera que yo podía ser algo.  Éramos un buen equipo.

Para hacerla corta, empecé con el golf, y nunca lo dejé, mi profesor viejito cumplió su promesa, con mucha paciencia, me enseño a jugar y a jugar bien, todas esas horas de práctica, los 7 días de la semana, dieron sus frutos. Fui subcampeona nacional dos veces consecutivas a los 16 y 17 años, y viaje al junior world championship dos veces a competir contra el mundo, y a Brasil  al sudamericano juvenil de golf.

El golf fue mi terapia, mi paz y mi herramienta para manejar mi condición, me enseñó a manejar la hiperactividad como un combustible para lograr mis metas. Me enseñó a ser consecuente, disciplinada, a concentrarme. Entendí, que el ser distinto era una ventaja si podía manejar mi mente. Aprendí a usar el tiempo como herramienta a mi favor, y cuando llegó el momento de entrar a una universidad y tenía que estudiar en 5 meses todo lo que no había estudiado en mi vida, mi deporte una vez más, me ayudó. Aprendí a estudiar a los 17 años. El deporte me dio la madurez que necesitaba para nivelar mi comportamiento.

Y así termina mi historia, y si me preguntan cómo me fue, creo que bien a pesar de todo. Nada es perfecto, pero lo hago lo mejor que puedo. Me gradué de derecho “summa cum laude” en una buena universidad. Me casé, tengo dos hijos a los que amo y mientras los veo crecer intento ser lo más normal posible, sigo jugando golf, pero ya no competitivamente sino como “terapia de relajamiento”. Aunque hace unos días una amiga me preguntó cómo podía correr 10 km y jugar 18 hoyos de golf después…a lo que respondí….es que yo soy un xmen, jajajajajaja

Ojalá les sirva mi relato. A aquellas mamás que les ha tocado un niño difícil les digo, no se rindan nunca, como mi maravillosa mamá que nunca perdió por un minuto la fe en mí (de ella tengo tanto que aprender). Busquen siempre una alternativa. Si su hijo es hiperactivo averigüen que deporte les puede gustar; si su hijo se distrae jueguen legos con él, etc… La mejor terapia es el amor y siempre es más importante que un psicólogo. El niño es lo que sus padres hacen de él.

Y si no es tu caso, pero conoces a un niño difícil, piensa en lo difícil que ya es el mundo para él. Sólo es un niño. Hablen con sus hijos sobre la diferencia entre las personas, y la necesidad de respetar dichas diferencias. La vida da vueltas y uno nunca sabe cómo va a terminar la historia. A juzgar menos y comprender más.

Un beso grande a todas, 


Alexandra