miércoles, 19 de enero de 2011

Ausencia justificada

Hace casi un mes que no publico y es que he estado full. Como buena neuro-mamá en mi afán de ser perfecta y además estar atrás de mi hijo (y para colmo sin nana) me olvidé de hacer muchas cosas que me gustan y me hacen sentir bien como persona. Una de ellas es escribir, aunque sea un blog. Pero conversando con una amiga y recordando viejos tiempos me acordé de muchas de las cosas que me gustaba hacer (a veces siento que en otra vida) que son cosas que me hacen ser la persona que soy. Es importante, hasta por mi salud mental, que tenga un espacio para mí y me dedique a cultivarlo y cultivarme.

Así, que acá estoy con más proyectos para este año que recién empieza, y recordando que si bien el ser mamá es lo mejor que me ha pasado, no significa que me debo olvidar quien soy y que también tengo derecho a pasarla bien fuera del ambiente de la maternidad. Y si por ahí hay alguien a la que también le pasa eso, pues bienvenida al club y que este año 2011 sirva para engreír a nuestros pequeños y también a nosotras mismas.

Nana: ¿tener o no tener?

La verdad es que no soy fan de las nanas. Tener que compartir la crianza, los cuidados y sobre todo el amor de mi pequeño con una extraña no me agrada en absoluto. Ver como mi bebe mira con ojos de amor a otra persona que no soy yo me revienta, y en un principio me estresaba sobremanera que no pudiéramos generar correctamente el tan importante vínculo madre-hijo por tener siempre una tercera persona al lado.

Así que cuando estaba embarazada decidí que la ayuda de una nana no era necesaria, que yo sola iba a poder con mi hijo, con la casa y con mi carrera. La realidad se encargó de mostrarme cuan equivocada estaba. Si bien la familia ayuda, al final del día todos tienen su vida y no podía contar con que siempre iba a haber alguien para socorrerme. Además, los cuidados de un recién nacido abruman a cualquiera. Al 3er mes de estar sola necesitaba ayuda a gritos. Estaba al borde de la locura: seguía tan gorda que todavía usaba ropa de maternidad, no tenía ningún proyecto personal establecido, y algunos días (varios en verdad) ni siquiera me alcanzaba el tiempo para ducharme. Necesitaba una nana y ¡urgente!

Niña con nana alimentando caballo
Tuve suerte y encontré rápidamente una nana con todas las características y requisitos que buscaba. Funcionó muy bien hasta hace un par de meses en que - con pena - la tuve que invitar a retirarse. Ahora, estoy sola con mi bebé de 15 meses, y nuevamente me encuentro en el dilema de tener o no una nana. Si bien, ahora es más fácil, también es físicamente más extenuante y también ahora tengo más proyectos y temas que atender. De igual manera, las inseguridades que tenía en un principio: no generar el vínculo correctamente, que la quiera más a ella que a mí, están totalmente disipadas. Está claro para mi bebé que yo soy su mamá y el vínculo es tan sólido como puede ser.

Sin embargo, aún tengo reparos en contratar una nana. Lo cierto es que no me asumo como una de esas madres nana-dependientes, y no entiendo porque tengo esas necesidad de querer hacerlo todo yo. Debo de entender que no me hace mala madre contratar ayuda. También soy consciente que necesito tiempo para mí, para mis cosas y para mi esposo (que está relegado a un quinto plano y me lo hace notar constantemente). Debo reconocer (nuevamente) que necesito ayuda y que –por el bien de mi familia – debo buscarla ¡ya!