miércoles, 25 de diciembre de 2013

Una navidad distinta y especial

Esta Navidad fue distinta a todas las otras navidades que he experimentado en mi vida, y eso que he tenido navidades que no tienen nada que envidiarle a las mejores películas hollywoodenses. Esta Navidad prometía ser diferente desde el inicio: íbamos a recibir las 12:00 en mi casa (yo anfitriona: estrés total) con mi familia política (algo muy raro) e íbamos a pasar el 25 con toda mi familia en un fiestón.

Pero, como en esta vida nada se puede dar por sentado, el lunes 23 mi hijo mayor, amaneció vomitando. Vomitó poco y se le soltó el estómago, así que no me asusté. Como a eso del mediodía se quedó dormido y aproveché que estaba estable y dormía para ir a hacer el último shopping navideño (más estrés). Pero, oh sorpresa, cuando estaba a 5 minutos de llegar a la casa, me llama mi empleada y me dice que mi mamá está llevando a mi hijo a emergencia porque no paraba de vomitar;  ¡¿qué?! -Dije- Y ¿por qué no me ha llamado? Hemos estado llamando señora, pero ni Ud. Ni el señor contestaban (Gracias CLARO por la excelente señal).

Fui corriendo a emergencia donde encontré a mi hijito pálido y apagado, felizmente mi mamá y mi hermana estaban con él. Ahí, el doctor me dijo que mi bebé estaba con deshidratación y que íbamos a intentar recuperarlo por vía oral. Lamentablemente la vía oral no funcionó. Tuvimos que ponerle una vía y debido a su edad (4 años)  se tuvo que quedar a dormir en la clínica.

Así, que víspera de noche buena mi hijo pasó la noche en la clínica, y yo desesperada porque no había podido ver a sus hermanitas desde el mediodía. Esa noche dormí en mi casa (sí, lo sé que raro en una neura como yo), pero dejé a mi hijo dormidito con su papá y quería amanecer con mis hijitas y aunque sea atenderlas en la madrugada (sí, siempre se levantan).
Niño hospitalizado levantando el brazo

Felizmente, al día siguiente mi hijo amaneció excelente y nos dejaron llevarlo a casa después de almuerzo.Pero, a diferencia de otros años, no había terminado de hacer nada: ni envolver los regalos, ni esconderlos bien, ni la cena (que gracias a Dios, tuve el buen tino de cancelar) y ni mi esposo, ni mis hijitos ni yo estábamos lindos, bellos y perfumados para tomarnos la foto navideña con la que siempre soñé (junto al árbol y en nuestras mejores galas. Definitivamente será el próximo año).  

Cuando estaba a punto de ponerme a renegar, mi esposo me hizo notar que sin querer queriendo estaba teniendo la Navidad que siempre soñé: solos, los 5 (mi esposo, mis hijos y yo, nadie más) y sin tener que atender a nadie, ni preocuparnos por nadie más. Así que,  repartimos los regalos a las 8 de la noche, mi esposo y yo comimos rico y sin pretensiones, nos acostamos temprano y a las 6:30 a.m. bajamos los 5 a abrir los regalos que había dejado Papa Noel. Sin duda, fue la mejor Navidad para mí; pude dormir bien, disfrutar a mis hijos y a mi esposo sin estrés; y recordé que lo más importante es aprovechar y disfrutar lo que la vida te da. Así, que definitivamente, esta ha sido una Navidad muy especial en la que Dios, en su extraña manera, me mandó el mejor regalo de todos: tiempo y serenidad para disfrutar a mi familia, a mi manera.


miércoles, 18 de diciembre de 2013

Nina y los terrible two

¿Es posible sobrevivir a los terrible twos o terribles dos? ¿Cómo se superan los terribles dos (terrible two)? Acá no tengo ningún tip, ni consejo, solo el dolor de mis anécdotas.

Mi hija Nina (ese es el apodo que ella misma se ha puesto), tiene exactamente 2 años, 2 meses y 3 días. Y, de un tiempo a esta parte está como nunca la había visto: retadora, desobediente y provocadora. Pasó de ser una dulce, obediente y fácil niñita a una tirana llorona. Nadie en la casa, absolutamente nadie, se escapa de sus diabluras (ni siquiera la pobre perra a la que le quita la comida de la boca para comérsela ella) y por supuesto, los más afectados con este cambio de actitud son sus hermanos. Sin querer queriendo se ha transformado en su tormento.
Nina and the terrible twos, los terribles dos

A su hermano mayor lo tiene seco: le quita sus juguetes y dice que son de ella, cuando él pide ver un programa en la tele ella grita a todo pulmón que hay que ver “lícula de peshas” (película de princesas) que él las odia;  además cuando lo ve ordenando sus zombies para enfrentarse a los trash packs o a los LEGOS ella viene con sus piececitos gordos y chanca con furia todos los juguetes y los desparrama por todas partes. Cuando lo ve sentado jugando tranquilo va corriendo con la mano en alto para meterle un manazo, y en el colmo de la tiranía, ha intentado obligarlo a disfrazarse de príncipe cuando ella se pone alguno de sus vestidos de princesa. (En una ocasión tuvo éxito y llegue a casa y los encontré con sus disfraces).

A su hermanita menor, de 7 meses la apachurra hasta casi asfixiarla, y por supuesto la hace llorar. Cuando yo la cargo, se hace la dulce y mientras acaricia el pie de su hermanita se lo mete a la boca y le pega una mordida de aquellas, y ya en el colmo de las travesuras cuando la ve linda y lista para salir a una fiesta se acerca a “darle un besito” y abre su bocota y le hace una especie de succión/chape que le tapa la nariz y por supuesto, la deja recontra asustada y llorando como si la hubieran intentado matar (que me temo, es el deseo subconsciente de mi "terrible two").

Su prima Abiga, también sufre sus maldades. No la deja coger absolutamente ninguno de sus juguetes, adornos, utensilios y similares. Tampoco deja que coja las cosas de sus hermanos. Tan es así, que la leyenda cuenta que una vez dijo: “No respires Abibil, ese aire mío”.

Por supuesto, papá - que es su fan número 1 – también sufre sus diabluras. Cuando se está cambiando lo persigue por todas partes para darle un palmazo en el poto o pellizcarlo, no lo deja desayunar tranquilo y finalmente lo obliga (sí obliga) a que le cambie el pañal todas las mañanas ¡TODAS! y si no lo hace, es vilmente castigado con llantos acusadores y una mirada de resentimiento que puede durar varias horas.  

Sé que es una etapa, que superará los dos años y volveremos a tener (relativa) calma. También, sé que su hermano aprenderá a evitar sus ataques y su hermanita aprenderá a defenderse asertivamente (espero), también sé que su papá seguirá babeando por ella (su “pesha”) y que yo, seguiré disfrutando cada una de sus diabluras y sus etapas tratando de educarla con límites y respeto. Pero mientras el tiempo pasa y eso sucede, tenemos que estar muy atentos y con mucho cuidado porque… ¡cualquiera puede ser víctima de los ataques de Nina en sus terrible two!

lunes, 9 de diciembre de 2013

Mamá también necesita que la engrían

Soy consciente que como mamá, como madre también necesito cuidados, atenciones y engreimientos. Así, como parte de mi rutina diaria nado todas las mañanas. Me gusta, me relaja y me ayuda (aunque cada vez menos) a mantenerme en forma. Hace tres semanas atrás, estaba como siempre nadando y me empezó a doler el cuello muy fuerte, no le hice caso y seguí nadando. Salí del agua y todo normal, pero cuando me empecé a echar las gotas para los oídos algo muy extraño me sucedió: me dio un vahído tan fuerte que no me pude tener en pie, empecé a ver negro con estrellitas y me vino un dolor de cuello y cabeza terrible. No pude manejar de regreso a mi casa y estuve tirada con nauseas todo el día. (No, no se viene el cuarto hijo).

Nunca me había pasado algo parecido en mi vida, y lo cierto es que no había nadado tan fuerte como para que se deba a una descompensación. Asustada saqué cita con el doctor al día siguiente. Una vez ahí, el doctor me revisó de pies a cabeza (sobre todo la cabeza para ver que no pasara nada extra raro por ahí) me miró a los ojos y me dio su diagnóstico: “tienes el mal que sufren el 99% de madres del país” Dios mío pensé: ¿¡qué tengo!? -  “estrés agudo por sobrecarga de labores”. Su recomendación: “tomármelo con calma (es eso posible?) Y engreírme”.

Mamá descansando en la piscina
Empecé a tomármelo con más calma y mejoré, hasta que esta mañana mientras nadaba empecé a notar los mismos síntomas que sentí ese día. Paré. ¿Qué tengo? Y mientras pensaba en mi dolor, me di cuenta que salvo la natación (que recién empezó hace un par de meses) y este blog, hago muy pocas cosas que me gusten y que sean sólo para mí. Cosas que disfrutaba hacer cuando era soltera o cuando no tenía hijos, cosas que me satisfacían y me llenaban, cosas que me hacían sentir una persona plena.



Salí del agua y decidí que era momento de engreírme y pasarla bien. Coordiné para que alguien recoja a mis hijos del nido (para no tener la angustia del tiempo) y fui a que me hicieran masajes que me encantan, después de los masajes pasé por una librería que hay camino a mi casa (¡amo leer!)  y me compré un par de libros que me moría de ganas de leer (siguen en mi mesa de noche, sin abrir L) . Todo esto lo hice manejando tranquila, sin apuro y para cerrar con broche de oro: fui a mi pastelería favorita y me olvidé de las calorías y lo gorda que me siento después del último embarazo y me tomé un delicioso chocolate caliente y me comí una empanda mixta buenaza.

Después de esto, me sentí de maravilla. Los dolores en el cuello desaparecieron, la espalda dejó de dolerme y me sentí renovada, con más energía y más contenta. Llegué a mi casa y apachurré a mis hijitos, jugué toda la tarde con ellos y le di tomar su leche a mi bebé. Realmente disfruté estar con mis hijos, y ahora en la noche, tengo energía suficiente para conversar largo rato con mi esposo. Con esto me he dado cuenta que yo también necesito que me engrían y hacer cosas que me gusten, porque lo cierto es que si la mamá no está bien, nada está bien en la casa y si yo no me engrío, nadie más lo va a hacer ¿no? 

jueves, 5 de diciembre de 2013

¿Qué es la parasomnia?

¿Parasomnia? ¿Qué es eso? Fue lo primero que pregunté cuando la neuróloga me dijo que mi hijo de 4 años (sí, mi hijo con espíritu, (ver post acá) sufría de eso. La parasomnia, según Wikipedia, y todas las demás “pedias” que encontré en internet, es una palabra que se utiliza para nombrar a los desórdenes del sueño. Es decir, mi hijo sufre de desórdenes del sueño.

La verdad que nosotros no le habíamos hecho mucho caso, es más me causaba mucha gracia escucharlo algunas noches hablando dormido. Me preocupaba poco que algunas noches la nana o la chica de cocina lo encontraran deambulando por la cocina y pensaba que las fuertes pesadillas que tenían eran cosa común. Estos eventos eran tan esporádicos, que nunca les dí la más mínima importancia.

Niño con parasomnia despierto en la noche
Hasta que un par de meses atrás, mi hijito – que ya tiene 4 años y dejó el pañal de noche a los 3 - empezó a hacerse la pila en las noches. La primera noche, no pasó nada, un accidente lo tiene cualquiera. Pero, a la quinta, sexta y séptima noche me empecé a desesperar ¿qué estaba pasando? Luego, dejaba de hacerse por 1-2 noches para continuar por una semana. Todo empeoró cuando mi esposo y yo nos fuimos de viaje (ver mi viaje romántico ). Mis Little Monsters, se quedaron con mis papás y cuando llegué, encontré a mi mamá desesperada porque había visto que cada vez que mi hijito se hacía la pila se movía y movía sin parar y luego seguía durmiendo como si nada.


Con esto, yo ya estaba súper preocupada, así que decidí llevarlo a un especialista: un neurólogo. Por referencias, caí dónde una excelente doctora que lo examinó de pies a cabeza, le hizo varios exámenes y pruebas y confirmó, lo que yo ya sabía: que él estaba totalmente sano, orgánicamente perfecto. Pero, lo que tenía se llamaba parasomnia y esto se producía por ¡oh, no! motivos emocionales. Así, que su sugerencia era consultar una terapeuta para que lo evalúe y nos oriente.

Por supuesto, creo que quizá una falla orgánica hubiera sido mejor para mi autoestima. ¿Qué he hecho mal? Además, aquellos que me leen constantemente saben cómo me siento con respecto a las terapias en los niños: si los niños pequeños tienen problemas emocionales, los que deben ir a terapia son los padres. Así, que por supuesto yo ya tuve mi primera sesión de asesoría para padres y pienso tener todas las que sean necesarias. Ya sin sentimiento de culpa, puedo ver objetivamente que él está pasando por mucho: otra nueva hermanita, se termina el nido, va al colegio grande, él es un “grande” ya... en fin.


Así que, por ahora, he decidido no torturarlo con evaluaciones ni terapias. Creo, que una situación nueva añadiría más estrés emocional al que ya tiene. Confiaré nuevamente en mi instinto materno y voy a darme una oportunidad con las herramientas que me han dado en mi asesoría, quiero ver si podemos manejarlo acá en casa como lo hicimos cuando tenía dos años y se le dio por pegar (ver acá el post) Haré mi mejor esfuerzo, y si todo va bien perfecto, y si no va tan bien, pues… sería la primera vez que mi instinto materno falla.  

domingo, 1 de diciembre de 2013

Email de una (neuro) mamá rebelada de la moda

Mamá Bloguera en pijama
Ser mamá agota. Como madres necesitamos sentirnos lo más cómodas posibles y, en ese sentido, muchas optamos por rebelarnos contra el mundo de la moda. Tal como lo ha hecho esta mamá quien se ha rebelado de la moda y optado por andar lo más cómoda posible sin importarle las críticas que pueda recibir de miembros de su familia. 

Reproduzco este correo en el que un miembro de su familia critica duramente la forma de vestir de una cansada madre que privilegió comodidad ante todo. Y cómo su esposo salió en su defensa.

La reproduzco, porque sé que muchas se sentirán identificadas con la respuesta… (ojo, los nombres y algunos datos han sido cambiados para proteger las identidades de los involucrados)

De: crco@zzzz.com
Para: pen@gmail.com
CC: “Family”
Subject: aviso de servicio público

Cuñadita, sugiero por el bien del matrimonio (y please tomen nota las demás hermanas) eliminar de sus listas de regalos (y de su lista de ropa) los buzos para estar en la casa. Esos buzos (en especial si son esos horrendos de terciopelo…) son sinónimo de: no bañarse, no peinarse y quedarse resina en la jato. Eso solamente las llevará a que sus esposos empiecen a deslizar la mirada de cuando en cuando pa’ entretener la retina, xq su esposa está en la jato, resina, con un buzo manchado que como la dueña, tampoco se ha lavado. Así que las inspiro e invito a que cambien esos buzos por jeans o leggins apretados (...) hará que sus esposos estén más contentos y puedan tomar cerveza y ver futbol de manera más tranquila y relajada!!!

Espero que no tomen esto como machismo, sino como consejo sincero y moderno. jajajajaja

Un abrazo,

¡¡No a los buzos cochinos!!!

La respuesta:

De: pen@gmail.com
Para: crco@zzzzz.com
CC: “Family
Subject: Re: aviso de servicio público

Estimado cuñado secreto,

El buzo aterciopelado se queda en mi lista y en mi closet. Como comprenderás, las mujeres reales, de carne y hueso, que trabajan y/o cuidan niños, se levantan a atender a sus hijos a las 11pm, a las 4am y empiezan su día a las 6am, cambian pañales y limpian mocos a diario y sin feriados... Algunos días no estamos cansadas, sino MUERTAS. Esos días queremos estar cómodas y si, tal vez ese día no nos bañemos, pero no porque no queramos vernos como las modelos de Brahma, sino porque el espíritu no nos da más. Ese día si mi esposo me mira y aún me ve linda, me va a hacer la mujer más feliz de la tierra, y no me interesa si me miente, solo que me diga q me veo linda. Si a pesar de que no me pude bañar, peinar y acicalar no por flojera (aclaro eso para que las ociosas no se trepen al coche), sino porque estoy más que cansada, pero por lo menos tuve la gentileza de sacarme la pijama, espero que mi esposo lo reconozca y me siga viendo linda, esa es mi mayor garantía de felicidad. Y, si él no lo sabe apreciar, pues ¡piña!


Y ahora te exhorto a que te adaptes a mi pedido y me busques el buzo para casa más lindo que encuentres, para que mi esposo no se canse del mismo buzito negro de terciopelo, que siempre uso.


Pep

Y lo mejor: la respuesta de su esposo

De: mango@gmail.com
Para: pen@gmail.com
CC: “Family
Subject: Cuñado secreto

Esa es mi Tennenbaum ¡carajo! Tú siempre estás guapa linda, hasta con vómito de nuestra bebe en la cabeza.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

De cumpleaños feliz a casi, casi tragedia

Crónica de cómo un cumpleaños muy feliz casi se convierte en una terrible tragedia. Hace un par de semanas estaba conversando con otras mamás sobre la responsabilidad que una asume al invitar niños ajenos a jugar a la casa: los peligros tontos que hay, las tragedias que ocurren y como una nunca puede dejar de tomar todas las precauciones posibles. Recordé así, un episodio que presencié unos meses atrás, y del cual no escribí antes por… la verdad no sé bien porqué. Pero, pensándolo bien, es importante compartirlo porque puede pasar en cualquier momento.

El dueño del santo cumplía dos años, e hizo una fiestita con los amiguitos del salón y otros niños más. En principio, yo no iba a ir porque me tenía que quedar dando de lactar, pero por suerte, ese día la bebe lactó rapidísimo y se quedó dormida, así que aproveche que era temprano y me fui a la fiesta a estar con mis hijitos “grandes”.  

Cuando llegué, la fiesta estaba en su apogeo: gritos y el show a todo volumen. Como siempre, mis hijos se engrieron conmigo y se quedaron pegados a mis piernas por el resto de la tarde. Así, nos pusimos a ver el show en un costado, parados y apoyados sobre el inflable. El inflable, era uno pequeño, cuadrado, conocido como piscina de pelotas. Era, exactamente al de abajo.

juego inflable en el que casi se produce la tragedia


En esas estaba, disfrutando el show con mis hijitos a mi costado, cuando escucho al lado mío a una nana pidiendo a un niño que pare, que salga de ahí, que no haga eso. Volteo divertida a ver qué pasaba y vi, una escena rara: un niño de aproximadamente 3 años echado sobre puras pelotas tirandose sobre ellas con furia y toda su fuerza, “qué raro pensé”. Cuando en eso, el niño se mueve y me doy cuenta que debajo de las pelotas, hundido y boca abajo ¡había otro niño!! Entré en pánico: si ese niño no salía de encima iba a asfixiar al más pequeño que estaba debajo. Algo me poseyó y me puse a gritar como una loca: “¡saquen a ese niño de acá, saquen a ese niño de acá!” seguido por: “¿dónde está la puerta del inflable? !Que alguien entre! ¡Que saquen al niño de ahí!”. Mis gritos fueron tales que todas las mamás que estaban sentadas alrededor del inflable se pararon, el show semi-paró y el encargado de cuidar el inflable se dio cuenta y rescató al niño que estaba hundido.

Salió morado, respirando raro. Me volvió el alma al cuerpo cuando vi que estaba bien. Era un niñito del salón de mi hija, tenía menos de dos años!! Quedé muy nerviosa, me temblaban las manos y quería llorar: ¿qué hubiera pasado si no me daba cuenta que el compañerito de mi hija estaba debajo de las pelotas? ¿Hubiera sido una tragedia? ¿Cómo podría haberse evitado? A todos los niños les encanta el inflable.  Pero, ¿se imaginan ir a una fiesta dónde hay un accidente fatal? O peor aún, ser la anfitriona de una fiesta de niños donde uno sale muy lesionado o algo más grave incluso? 

Pasé el resto de la fiesta recontra nerviosa y con ganas de llorar, me temblaba el cuerpo y me dolía la garganta de tanto gritar. Mis hijos (que habían estado a mi costado durante toda la escena) no paraban de hacer preguntas y por supuesto, se me pegaron más. Luego, de todo me quedé pensando también: ¿debería contarle esto a la mamá del niñito agredido? Sabía que las otras mamás del nido que estaban ahí y eran más amigas de ella le contarían, pero la que vio todo tal cómo pasó fui yo. ¿Me gustaría que me lo cuenten a mí? Sí, claro. Pero, ¿quería ella qué se lo cuente? ¿Reaccionaría mal?

No la llamé. Opté por mandarle un email y dejarle mis números para que me llame si quería que le cuente lo ocurrido. Obviamente, no se lo iba a contar por correo. No me llamó y nunca me respondió el email. Supongo, que se siente tranquila con lo que sabe que pasó, y qué no es como yo: una neuro_mamá que quiere saber TODO lo que les pasó a sus hijos detalle a detalle. Como sea, desde ese día he aprendido que ninguna precaución es poca, y que es siempre bueno estar súper atentas a todo más aún cuando tenemos a nuestro cargo a niños pequeños. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Criando a un niño con espíritu

La primera vez que oí el término niño con espíritu fue cuando buscaba en internet libros de crianza que me ayuden con mi hijo mayor: un niño con espíritu (que no es lo mismo que tener un carácter fuerte). No es que él tenga un problema particular, ni mucho menos; si no es que simplemente en sus 4 años de vida nos ha exigido mucho más, que lo cualquier niño promedio exige en toda su infancia: es intenso, persistente, sensible, perceptivo y odia el cambio. Características que según, Mary Sheedy Kurcinka autora de “Raising your Spirited Child”, tienen todos los “spirited child” o “niños con espíritu” (no sé si está sea la traducción oficial al español). Mi hijo tiene todas estas características y más, y ahora sé que es un niño con espíritu. Un niño, imaginativo, cuestionador y muy exigente; un niño que en un solo día te puede llevar a tocar el cielo ida y vuelta y sin parar, y esa misma tarde sacarte de quicio como ningún otro ser humano lo había hecho en tu vida...

De repente algunas mamás que me leen se identifican, otras quizá no tanto. Otras dirán “mi hijo tiene un carácter…”. Pero, ser un niño con “espíritu” como explica la creadora del término  va más allá de tener un carácter fuerte. Es tener un extra que los hace destacar desde que están en la panza, una intensidad para vivir la vida, un apasionamiento desbordante que los hace únicos y por qué no decirlo, agotadores también. Como dice la autora, si todos los niños fueran pelotas rebotadoras un niño o niña con espíritu sería la pelota que en cada rebote llega al techo.

Niño con espíritu sacando la lengua feliz

Pero vivir con esta intensidad, con este espíritu no es fácil. No es fácil porque vivir la vida con tanta pasión abruma. Las emociones son intensas: la felicidad es máxima (hasta el llanto), lo mismo que la tristeza. Pero, lo más difícil para estos niños (y sus padres) es lo poco comprendidos y valorados que son por el sistema educativo nacional. En el sistema educativo se privilegia a los niños “tranquilos”, sumisos y poco cuestionadores, aquellos que obedecen sin chistar y destacan por su prudencia.  

Los niños con espíritu y más aún si son extrovertidos - como mi hijo - van muertos. Ellos siempre van a tener una opinión para todo y la energía para llevar a cabo sus ideas hasta el final, su ímpetu es tal que les es difícil contenerse y su risa o su llanto suelen alborotar a todo el salón. No todos los docentes comprenden estas personalidades, y fue precisamente eso lo que nos pasó el año pasado. Mi hijo tenía 2 años y 10 meses, y fui citada en varias ocasiones porque a la Miss le era imposible dar una orden sin tener a mi hijo preguntando ¿por qué? O ¿para qué?, porque él sólo se concentraba en lo que le interesaba y/o porque era demasiado movido.

Tanto la psicológa del nido, como la Miss y hasta la terapeuta de lenguaje me sugirieron terapia física porque se desparramaba en su asiento y no se sentaba lo suficientemente derecho en su opinión, además no se le daba la gana de sentarse en la alfombra (testarudo). También me sugirieron, un análisis neurológico porque “siempre se está moviendo” y natación para “contrarrestar su exceso de energía”. De igual manera me sugirieron, terapia emocional y de lenguaje porque mi hijo tenía demasiado vocabulario, hablaba demasiado y lo hacía demasiado rápido (conozco varias señoras así) y por último, me sugirieron que busque otros colegios a los que postularlo porque los que yo quería eran demasiado pedidos, y fácil él no la hacía.

En un momento, entré en crisis y lloré por varios días seguidos. Llamé a terapeutas infantiles y le hice mil evaluaciones a mi hijo. ¿Por qué era tan difícil? ¿Qué le costaba quedarse sentado como los demás niños? ¿Por qué tiene que cuestionar todo? ¿Por qué habla sin parar? ¿De dónde saca tanta energía? ¿Por qué es tan movido? Afortunadamente, tuve un excelente soporte emocional y esto me permitió ver el lado positivo en esas características que eran descritas tan peyorativamente. Esas características hacian a mi hijo único. Así, que después de tortúrame mentalmente por un tiempo decidí no caer en el juego del exceso de terapias, y dejar que mi hijo pase un Verano Divertido (ver post acá). En el ínterin descubrí este maravilloso libro que me hizo entender muchas cosas y me ayudó a ver con otros ojos la vitalidad de mi hijo. Que debo decir, a veces, hasta a mí me abruma.

Ahora, hemos tenido suerte. Le ha tocado una Miss que realmente saca provecho de su entusiasmo y su energía desbordante, así como de su tenacidad; no se deja abrumar por sus cuestionamientos y goza con sus opiniones y sugerencias. Y yo, he aprendido a darle la vuelta a los comentarios negativos: “muy movido”, contesto: es entusiasta. “Demasiada energía”, contesto: es apasionado, es “muy terco”: sabe lo que quiere o, cuando alguien lo critica por su forma de ser tan bulliciosa, le respondo: es que él es un niño con espíritu y… no lo cambio por nada.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Aumento de talla de zapatos luego del post parto

foto de un centímetro

Lamentablemente esta frase no fue dicha por mi hijo de 4 años, ni se refiere a mi hija de 2, ni tiene nada que ver con mi bebé de casi 6 meses, ni con ningún niño que conozca y del cual alguna vez he blogueado. Esta frase tiene que ver única y exclusivamente conmigo, sí, conmigo. Desde mi primer embarazo a la fecha he empezado a crecer, y no solo a lo ancho, que finalmente es algo que sí me esperaba (¡aunque no tanto!) sino también a lo largo y sobre todo en los pies. Me están creciendo los pies.

Ya no solo la ropa no me queda sino tampoco me quedan mis zapatos, ni mis guantes, ni mi gorro de natación. Sé que suena rarísimo, pero es cierto. Con lo primero que me di cuenta fue con los zapatos: como premio a mí misma luego del parto decidí regalarme zapatos, así que fui a comprarlos y me sorprendí al notar que ninguno de los modelo me quedaba en la que era mi talla: 37. Atribuí el cambio de talla a la marca, a la horma (horma grande le dicen) etc. un poco preocupada llegué a mi casa y decidí ponerme un par de zapatos de esos que no suelo usar muy seguido porque son muy elegantes, y bueno me quedaban re-apretados.

En un principio pensé que se debía a la retención de líquidos, a mi nuevo trajín diario e incluso a mi sobrepeso. Pero, ahora a 6 meses de haber dado a luz, con sólo 3.5 kgs que perder sé que no tiene nada que ver con eso. Lo más curioso, es que mis guantes (los saqué para mi viaje) tampoco me quedan. Pensé que se habían encogido por la lavadora, o que quizá también la retención de líquidos me había hecho crecer las manos pero, no. La secadora no fue (porque mis guantes de cuero tampoco me quedan) y ya sé que no estoy reteniendo líquidos. Finalmente, para acelerar mi pérdida de peso decidí volver a nadar y cuál sería mi sorpresa al notar que el gorro que no usaba porque me quedaba muy flojo ahora me aprieta, sí tal como lo leen: me aprieta.


Puesto que mi ropa no se ha encogido y mis zapatos tampoco la única conclusión a la que he llegado es que ¡estoy creciendo! Mis manos, mi cabeza y sobre todo mis pies. Ahora, sólo falta que crezca un par de centímetros de largo cosa que ya no tengo que bajar más de peso porque con los centímetros extra se compensa, ¿no? Si me han crecido los pies, ¿por qué no voy a crecer de altura? Cruzaré los dedos y mientras tanto, a comprar nuevos zapatos.

jueves, 7 de noviembre de 2013

De vuelta a casa

Finalmente, luego de estar exactamente 10 días fuera de Lima volví a casa. Como ya había dicho en mi post anterior (Mi viaje romántico) me moría de angustia de dejar a mis hijitos. Pero, finalmente aproveché que los estaba dejando en muy buenas manos y disfruté a mil. Me relajé, me olvidé de la dieta, paseé duro y sobre todo: ¡dormí! Dormí como no dormía hace más de cuatro años (la edad de mi hijo mayor). Dormí tanto, que me da vergüenza decirlo. Incluso, hubo un par de días que después de desayunar, regresaba a seguir durmiendo…

Lo bueno de este viaje es que aprendí a disfrutar sin mis hijos, sin sentirme culpable o mala madre o angustiada porque algo les pase. Mis hijos sobrevivieron y yo también. Sobreviví sobre todo a ese sentimiento de culpa que siempre me agarra cuando los tengo que dejar por muchas horas para hacer cosas mías (cosas tipo peluquería, gimnasio, encuentros con amigas, etc.). Este viaje me permitió reencontrarme con actividades que me encantan y que normalmente en Lima no puedo, como leer hooooras, comer con calma y ¿ya dije dormir?

Ahora que he vuelto a hacer cosas que me gustan y que me recuerdan quién soy yo (además de ser mamá de 3 lindos) me siento más satisfecha conmigo y con mi vida. Me ha sido muy valioso reencontrarme conmigo misma y con lo que me gusta (entre eso mi esposo: descubrir que me encanta luego de 8 años de relación ¡no tiene precio!). He regresado y estoy yendo a nadar y al gimnasio. Me he comprado un par de libros y los estoy leyendo (no a la 1:00 a.m. cuando todos duermen, sino a una hora decente) y estoy planeando más cosas para mí. Lo bueno de todo esto, es que me siento más contenta, más descansada y más feliz, y esto se refleja también en mi relación con mis hijos. Me siento tan contenta que mi hijo mayor me preguntó ayer: “mami ¿por qué tu carita está feliz siempre?”

Definitivamente aunque en un inicio estaba a punto de no subirme al avión con tal de pasar más tiempo con mis hijos, me alegro mucho de haber viajado, de haberme reconectado y de haber disfrutado a mi esposo a mil en estos 10 días. Y como dice la gente: ¡Qué se repita!


woman with a big hat in a swimming pool


viernes, 25 de octubre de 2013

Mi viaje romantico

Después de 4 años, 1 mes y 5 días de no tener más de un fin de semana sola con mi esposo hoy nos embarcamos en un viaje romántico de 10 días. Añoro el tiempo que pasábamos juntos los dos solos  teniendo conversaciones sin que nadie nos interrumpiera, saliendo hasta tarde y levantándonos tarde, en fin llevando una vida plena de adultos. Sin embargo, ahora que finalmente llegó el momento de salir (en unas horas) lo único que quiero es echarme a llorar: ¡no quiero dejar a mis hijitos! ¡Nunca he estado tanto tiempo lejos de mis Little Monsters!!

No he parado de llorar en la mañana pensando en cuanto los voy a extrañar. Los dejo en las mejores manos: mi mamá. Sé que van a estar bien cuidados, bien atendidos y felices porque adoran a sus abuelos pero; el simple hecho de saberme tan lejos, de no estar ahí para su día a día me parte el alma. Sí, ya sé ni que me fuera un mes, pero si alguien que lee es también una neuromamá con un fuerte síndrome de “hijitis aguditis”, sabe muy bien a lo que me refiero. Una no puede estar muy lejos de sus cachorros sin que una angustia extraña la invada.

Quien me da más pena es mi bebé, a sus 6.5 meses hoy es su destete. No sé qué estoy esperando para tomar la pastilla, bueno, en verdad sí. Quiero darle una última vez de lactar tranquila antes de salir. Con sus hermanos el destete fue un proceso largo, pero con ella será  más o menos drástico y eso no me gusta. Pensé que estaría lista para hacerlo el día que acepté el viaje, pero lo cierto es que no estoy lista, no estoy lista y  creo que nunca voy a estar lista para cortar etapas así de rápido. 
Mommy Blogger having drinks with husband NeuroMamá Blog
Mi esposo y yo muuuchos años atrás en nuestra luna de miel

Sí, sé que una vez allá voy a disfrutar, la voy a pasar genial, me va a venir muy bien este tiempo a solas con mi esposo, nos va a caer muy bien para la relación. De verdad necesitamos este espacio para nosotros y lo necesitamos mucho (quizá más yo que él, jajaja). El día a día nos consume y casi no hablamos. Pero, eso no quita que tenga ganas de llorar (y secretamente sé que voy a llorar todo el camino).

Pero bueno, estoy que no puedo más, mejor me voy a ver a mis hijitos y a apachurrarlos hasta que ya me tenga que ir.

¡Los voy a extrañar Little Monsters!

ACTUALIZACIÓN

Hoy 3 años y 8 meses después que escribí este post vuelvo a viajar sola con mi esposo. Esta vez el viaje es más corto (exactamente 7 días), mis hijos son más grandes 7, 5 y 4 años respectivamente pero, el sentimiento es el mismo. Todavía, me angustia dejarlos. Llevo una lucha interior: mi corazón, contra mi razón. Sin embargo, soy consciente (ahora más que antes) que estos viajes me hacen bien. Me hacen bien como adulta, como yo-persona y como yo-pareja. Regalarme unos días de noches largas e ininterrumpidas, de ponerme al día con mis lecturas (estoy llevando 4 libros que tengo pendientes) y de poder conectarme con mi esposo valen totalmente la pena.

Recuerdo el viaje que describo en la primera parte del post. Nos hizo (y lo digo en plural) tanto bien. Entre trabajos demandantes, crianza de 3 pequeños, embarazos, partos y lactancias nos estábamos perdiendo como pareja. No voy a decir que ese viaje solucionó todos nuestros problemas de pareja, imposible. Pero, nos acercó de nuevo. Nos volvió a conectar con nuestro lado romántico, nos volvimos a ver como hombre-mujer y no sólo como papá y mamá.

Ahora nuevamente dejo a mis hijos con sus abuelos. Mi suegra los primeros dos días, mi mamá y mi papá el resto. Así, que este viaje lo tomo - si bien con un poquito de remordimiento- con mucha alegría y agradecimiento. Voy a poder reconectarme con mi esposito, conmigo misma y voy a tener la oportunidad de conocer un nuevo lugar. De verdad, que muy agradecida.

¿Cuéntenme, uds. también viajan con sus parejas? Creo que es justo y necesario aunque sea, un par de días y a un sitio muy cercano. 

jueves, 24 de octubre de 2013

El rotavirus llegó a mi casa y no me dejó escribir el blog

Lo trajo mi esposo. Se fue de viaje, hace poco más de 1 mes, a Arequipa y ahí lo contrajo. Él empezó. Primero malestar, luego dolor y finalmente vómitos, fiebre y diarreas sin parar. Perdió 5 kilos en 5 días (¿por qué no me da a mí?). La verdad es que su enfermedad no me quitaba el sueño, total; ya es grande y para alguien que pesa más de 80 kilos, perder 5 no es nada.

El problema es que contagió a mis hijos. Gracias a Dios, sólo a los más grandecitos y no a la bebe. El problema de este virus, aunque uno esté vacunado, tanto mis hijos como mi esposo tienen sus vacunas completas, es que te agarra y no te suelta. No te provoca comer nada, vomitas, tienes diarrea y te sientes morir. A mi hijito mayor, lo agarró muy suave, según el pediatra para esto sirven las vacunas: te puede dar la enfermedad pero los síntomas son más leves, sólo le duró un día de vómitos y apenas un par de diarreas, poca fiebre y al día siguiente como nuevo.

Pero, a mi hija segunda, sí la agarró con furia. Empezó vomitando, primero una vez, todo tranquilo pensé… Hasta que luego del primer vómito, vino un segundo, un tercero, se le aflojó el estómago y no paraba de llorar, volaba en fiebre. Finalmente como a eso de las 11:00 p.m. pudimos controlarlo y durmió tranquila. Pero, a la mañana siguiente amaneció en crisis total: vómitos y una diarrea incontrolable, y lo peor no tenía ni fuerzas para llorar. Me asusté, y la verdad que yo rara vez me asustó con las enfermedades de mis hijos. Tenía los ojos hundidos, no tenía lágrimas y estaba visiblemente más flaca. Llamé al pediatra y se asustó: me dijo que no le diera nada de comer, y pruebe darle una onza de Gatorade cada media hora, si con eso no mejoraba a la clínica de emergencia. Entré en pánico. Como un rayo conseguí 4 Gatorades.


Le embutí el Gatorade, y como era rico tomó 4 onzas. Lentamente le volvió el color a la cara, y empezó a reírse y a correr, ¡uf! Luego de media hora le di otra onza, y así hasta que luego de dos horas hizo diarrea. Pero, ya estaba fuera de peligro, ¡no había que internarla! Igual, me tuvo en ascuas varios días, ya que el estómago continuo flojo bastante tiempo más. Le corté la leche porque este virus produce intolerancia a la lactosa y bueno, perdió casi dos kilos, que para alguien que pesa 13, es bastante. Lo bueno, es que como todos los niños, su recuperación fue rapidísima y ahora ya está como si nada. Soy yo, la que todavía no se repone del susto.

Este virus es tan fuerte, que no me puedo imaginar cómo debe atacar a los niños pequeños que no tienen vacunas. Afortunadamente, tomé todas las precauciones del caso y mi bebé no se contagió (¡hurra por la leche materna!). Yo tampoco me contagié (sigo a dieta para perder esos 3 kilos que no me dejan) Pero, finalmente, gracias a Dios ya estamos libres de viruses y listos para que llegue el verano y se acaben (¡por fin!) las enfermedades, bueno se acaben hasta que vuelvan al nido y empecemos todo de nuevo. 




lunes, 16 de septiembre de 2013

Cuestionario cumpleañero

Nuevamente se acerca el cumpleaños de mi hijo. Y como ya deben saber, me gusta celebrarlo y a lo grande. Como no puede ser de otra manera, este año también le haré una fiesta, aunque esta vez será algo más pequeño. Sólo con la familia y sus amiguitos del nido. Pero, este año pretendo instaurar una nueva tradición: la tradición del cuestionario cumpleañero.

Cuando estaba navegando por internet encontré en pinterest un cuestionario que es muy común hacer en USA por el cumpleaños de los niños. Se les hace cada año a partir del año en que cumplen 3 (que es cuando ya pueden responder este tipo de preguntas) se anotan las respuestas y además se adjunta una foto que se le toma al niño el día que se le hace la encuesta (lo ideal es hacerlo el mismo día de su cumple, pero si se te pasó no importa). estas respuestas junto con la foto se guardan para comparar con todos los años futuros, y luego una vez que crece queda un lindo recuerdo.

Bueno, sin más, acá les paso mi versión mejorada (la original era demasiado larga y mi hijo se aburriría antes que pudiera terminar) y garantizada. Yo se lo haré a mi hijo este viernes que cumple 4 años. También, me parece que sería una buena idea grabarlo mientras responde para acordarme de su carita y su tierna vocesita el día que cumplió 4 años. Vamos a ver que tal me va con la contestadera de las preguntas, publicaré sus respuestas con su foto actual en cuanto lo tenga.

Ahora sí, acá va. Si tienen algunas ideas para mejorarlos, más preguntas y etc. etc. pues ponganlas!

neuromama.blogspot.com


miércoles, 11 de septiembre de 2013

La pasada de huevo, mis hijos y yo


Ayer por la tarde mi bebé de 4 meses empezó a llorar de la nada. Así, de la nada. La tenía cargada la chica de limpieza de la casa mientras yo terminaba de alistarme para ir con mis 3 hijos a un cumple. Era la primera vez que iba a ir a una fiesta con los 3 y yo estaba re-emocionada, parecía que la fiesta era mía. Le puse a mi bebé sus mejores galas, vestí a los grandecitos  elegantísimos y por supuesto, yo no  me podía quedar atrás, así que me cambié con una de las mejores ropas que me quedan (porque todavía no me queda el 100% de mi ropa después de este parto).

Cuando estaba terminando de cambiarme escuché a mi bebé llorar, no me alarmé porque los bebés siempre lloran, pero de pronto su llanto empezó a escalar a alturas alarmantes y me asusté. Bajé hecho una bala y encontré a mi hijita al borde del colapso. La traté de calmar, pero me fue imposible. Cuando ya parecía que iba a parar, empezaba de nuevo y con más fuerza. No pude meterla al carro, imposible ir con ella a la fiesta. Muerta de pena mandé a mis hijos mayores, y me quedé calmando a mi bebé. Finalmente, después de media hora de llanto agudo se calmó y se quedó dormida.

Durmió mal, moviéndose y sobresaltada. No entendía que le había pasado, ni que le pasaba. Vino la chica de limpieza, y me dijo que creía que nuestra perra la había asustado, porque cuando la perra pasó a toda velocidad la bebé empezó a llorar. Bueno - pensé - en el mundo de los bebés puede ser cualquier cosa. Y ahora, ¿qué hacemos? Le pregunté, y por supuesto que ya sabía la respuesta: “hay que pasarle el huevo señora, si no se va a quedar asustadita y no va a descansar”.

Antes que nazca mi primer hijo está proposición me hubiera parecido lo más chiflado del mundo y por supuesto, jamás hubiera aceptado. Pasar el huevo me parecía el sumun de la ignorancia y la superstición, pero ahora, 4 años más tarde y con 3 hijos a cuestas, me parece no sólo de lo más normal si no que estoy convencida de su validez científica. La pasada de huevo, en el caso de mis hijos, es infalible. Cuando están inquietos, no logran conciliar bien el sueño, lloran por todo, etc. etc. su nana, siempre la nana (al parecer la pasada de huevo es parte de su instrucción como nanas) les pasa el huevo y – siempre - duermen mejor, se les compone el apetito y dejan de estar susceptibles y vuelven a ser los bebés risueños que siempre han sido.

Mi hermana se burla de mí, y me pregunta si mis estudios universitarios me sirven para algo. Mi esposo se hace el de la vista gorda pues no quiere discutir cuando sabe que no va a ganar y la verdad que no me atrevo a contarle a mucha gente que lo hago. Pero, ¿qué puedo hacer? A mí me da resultados y lo cierto es que a ellos no les hace daño. Pasar el huevo le da tranquilidad a la nana y también a mí; y quizá sea precisamente esa tranquilidad que nos da a los adultos cuidadores la que los bebés perciben y los calma y relaja, o quizá sea que el huevo tiene propiedades sobrenaturales que aún no han sido descubiertas y todos aquellos que se burlan de mí serán los burlados.

Lo cierto es que anoche mi bebé durmió como un angelito, y yo también y si no … ¡mañana hago que le vuelvan a pasar el huevo!





jueves, 5 de septiembre de 2013

El desarrollo del bebé mes a mes

No sé si a todas les pasa esto, pero a mí sí. Me encanta “espiar” vía Facebook como crecen los bebes de mis amigas, de las amigas de mis amigas y hasta incluso de desconocidas, jejeje. Medio “creepy” ¿no? Me encanta ver el desarrollo de los niños mes a mes, sobre todo del primer año que es el más duro.

El motivo principal por el que lo hago es por la ansiedad que tengo de verlos crecer y ver qué es lo que me espera en el futuro con ellos, y calcular el tiempo que me falta para que empiecen a sonreír, gatear, comer, etc. etc. Lo curioso es que me ha pasado igual con mis 3 hijos. Como si no me acordara cómo es esto de los bebés, aunque como ya comenté en otro post (mis días con 3) mi memoria es débil. 

Así, que para evitar que todas las que están acá estén como yo espiando a sus contactos de Facebook, les brindo la mejor selección de fotos mes a mes de mis retoños. Hasta el primer año. Como siempre, con el hijo mayor se empieza todo, acá va el mes a mes de mi chino hasta los 13 meses (una yapa). 

Recién nacido bostezando  En la clínica 
Bebe de 1 mes 1er mes
Bebé de 2 meses. El segundo mes del bebé 2do mes
Bebé de 3 meses sentado  3er mes, ya una personita
Bebé de 4 meses saltando 4to mes saltando y "hablando"
Bebé hermoso de 5 meses sacando la lengua 5to mes ya gozando
Bebé 6 meses comiendo 6to mes comiendo
Bebé 7 meses gateando 7to mes gateando como bala
Bebé 8 meses con su mamá 8vo mes conmigo
Bebé 9 meses feliz 9no mes, ya un grande
Bebé 10 meses  10mo mes, serio
Bebé 11 meses caminando 11vo mes, ya caminaba
Bebé de 1 año celebrando 1 año!!!
Bebé 13 meses con disfraz de alloween de diablo 13 meses, un gordo
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viernes, 23 de agosto de 2013

Mi problema con el rosado

Por:  Balli Arca, una Neuro_mamá invitada
(click acá, para saber quién soy)

Mucha gente a la que conozco, me pregunta cuál es mi problema con el color rosado y porqué siempre trato de buscarle a Emma, mi hija de 15 meses, ropa de otros colores (no siempre con mucho éxito, debido a que casi toda la ropa para bebé mujer es de ese color).  Aquí mi respuesta: el color rosado en sí no tiene nada de malo. No creo que el simple hecho de vestir a mi hija de color rosado la convertirá, por arte de magia, en un ama de casa desesperada de los años cincuenta (con todo el respeto que nos merecemos las amas de casa y madres por nuestro poco reconocido y sacrificado trabajo). No hay nada en el color rosado que lo haga inherentemente malo, salvo quizás, el hecho que realmente no es un color que me haya gustado mucho a lo largo de mi vida (excepto tal vez por un corto periodo de tiempo a los veintipocos años).

Entonces, para empezar, estéticamente no es ni de mis colores favoritos ni de mis “más o menos”.
Como decía, trato de buscar para Emma alternativas de otros colores porque PARA MÍ, este color es parte de una amplísima maquinaria cultural que contribuye a encasillar a las niñas en roles tradicionales femeninos y que desde la más tierna infancia invade sus habitaciones, trajes, juguetes y más; imponiéndose, de manera sutil e inconsciente, en sus mentes como un color con el que, de todas maneras se identifican. Quién sabe si les gusta o no, pero que el rosado las interpela, las interpela: “¡Hey tú, mírame, soy rosado, soy para ti!”

Bueno Balli, me dirán ustedes, pero ¿qué tiene de malo que el rosado las llame o interpele? Lo malo, contestaré, es que estos pequeños sujetos rosados que son nuestras hijas, viven en un mundo que constantemente les quiere vender cosas. Cosas que son “para mujercitas”, cosas que no contribuyen a ampliar su visión del mundo, su visión de futuro, su visión acerca de todas las posibilidades que el mundo tiene para ofrecerles. Por lo general – y cualquiera que pasee por el pasillo rosado de la tienda de juguetes estará de acuerdo – son juguetes que encajan en unas cuantas categorías: 1) Cuidado de bebés (muñecos bebés, coches, etc) . 2) Cuidado del hogar (aspiradoras, planchas, cocinas, etc.) 3) Belleza (maquillaje, secadoras de pelo, kits de joyas, etc.)  y 4) Muñecas adolescentes hipersexualizadas. 

Entonces, retomando el tema del rosado, diré que es un color que interpela a nuestras niñas (porque desde que nacemos se nos enseña que ese color nos representa mejor que cualquier otro), con lo cual cuando éstas se acercan al pasillo con el que más se identifican  y se encuentran con las opciones que menciono más arriba se encasillan y limitan. Nuevamente, y previendo algunas respuestas de quienes me leen, diré que no tiene nada de malo cuidar bebés, querer criar bebés, jugar a imitar a mamá, jugar a limpiar y cuidar el hogar, jugar a la peluquería y cuántas cosas más. No tiene nada de malo excepto cuando la oferta limita nuestras opciones. Poco a poco, como una guerra por atrición y conjuntamente con sus socios estratégicos (la publicidad, el marketing, la industria de belleza, etc.), contribuye a reforzar los tradicionales roles femeninos que a través de la historia han restado poder, protagonismo y fuerza a las mujeres. ¿Y qué decir de las muñecas y seres que habitan las cajas rosadas y brillantes de juguetes que nuestras hijas corren tan felizmente a comprar? Sí, esas fashionistas regias, esculturales, flacas y voluptuosas con sus enormes ojos inocentes, sus minifaldas y sus botas altísimas, todas iguales, todas iguales, todas iguales. Eso ya es un tema relacionado pero demasiado carnoso para sólo dedicarle un par de líneas al final de este ensayo. Pero sí diré una cosa: ¿Qué oportunidad tenemos las madres que intentamos forjar en nuestras hijas una conciencia saludable, sana y positiva de sus cuerpos, sus caras y sus mentes– sean como sean –si por donde volteamos y en los ubicuos medios solamente se celebra una forma de ser y parecer? Difícil tarea la que tenemos. Por esto es que quisiera que Emma se identifique con muchos colores y no solamente con el dichoso rosado.


¿Quién soy? Bárbara Arca, Neuro-mamá invitada

Mi nombre es Bárbara Arca Blondet. Soy un ama de casa y mamá con Maestría en Comunicación, Cultura y Tecnología por la Universidad de Georgetown, en EE.UU. Sueño con un mundo que sea tolerante y respetuoso de las diferencias. Pienso firmemente que sí podemos cambiar el mundo, y que esto empieza con la información y subsecuentemente con nuestras acciones en el día a día.


lunes, 19 de agosto de 2013

Mi post, post-parto

En este momento me encuentro en lo que para mí se llama el post, post-parto. El tiempo que viene después del post parto o puerperio. El post parto o puerperio, son los 40 días posteriores al nacimiento del bebé. Se supone que en este tiempo el útero regresa a su tamaño natural y la mujer queda fuera de peligro, se pierde el agua que una retiene durante el embarazo y ya quedas lista para retomar tu vida como siempre. Pero, en mi caso y luego de haber engordado más de 20 kilos en mis dos primeros embarazos, el post parto se prolonga. Luego de los 40 días de ley,  ya sé que vienen muchos más y me lo debo tomar con calma. Además como he sido cesárea las 3 veces, me lo tomo con más calma aún, es así que recién al 3er mes empieza para mí el post, post-parto.

Comienzo haciendo deporte, aunque sea sólo media hora. Al principio me cuesta mucho, pero en dos semanas ya estoy haciendo 45 minutos como si nada. Y, naturalmente no bajo de peso ni un gramo hasta 6 semanas después de haber empezado a hacer deporte y comido sano. En el ínterin saco cita con todos los médicos que pueda para ver cómo mejoro.  Ahora estoy sufriendo en esa etapa horrible en la que ando a dieta y hago un poquito de deporte y no bajo nada.

En mis primeros dos embarazos bajé de peso yo sola, comiendo sano y haciendo full deporte Después de mi segundo embarazo me fue más difícil recuperar mi peso (también engordé más) y justo cuando me faltaban 3 kilos para estar en mi peso, ¡zaz! salí embarazada de nuevo, así que ahora estoy nuevamente luchando para recuperar mi peso. Ahora sí lo estoy haciendo con ayuda profesional, porque ya después de 3 embarazos y con más de 30 años la cosa se complica bastante.

Y bueno, aparte de ir a un nutricionista también como parte de mi post, post -arto he ido con el dermatólogo para ver las manchas que me han salido luego de este último embarazo,  al fisioterapeuta porque por dar de lactar tengo la espalda destrozada, además que tengo una diastasis en los rectos muy fuerte que se ha juntado con la hernia que me salió en el ombligo por los embarazos, debido a esto también he tenido que ir al cirujano para ver si es necesario operar y hasta cuando puedo esperar para hacerlo, además también tengo pendiente la ida al dentista porque los embarazos destrozan los dientes y finalmente, debo de ir a un angiólogo porque con los cambios de peso y presión tengo várices en las piernas y una venita se me ha roto en el dedo.


La verdad que jamás me imaginé que terminaría tan matada luego de mis embarazos, claro admito que me excedí en la subidera de peso, (pero gran parte de la culpa es de mi 1er ginecólogo; no lo recomiendo para nada) que no se dio cuenta que hago diabetes gestacional y por eso subo tanto de peso, cosa que sí se dieron cuenta en este mi tercer embarazo y no engordé tanto.  Pero, bueno, fuera de eso, el embarazo de por sí afecta mucho al cuerpo de la mujer, y sobre todo al cuerpo de esta mujer que ahora está luchando a diario para recuperar (algo de) su figura, su cutis y como diría Austin Powers su “mojo”. Ya les seguiré contando como me va, todo sea por poder ponerme un bikini en el verano 2014!

Ejercicios ahí voy!!!!

The 20-Minute Pilates Workout: 4 Weeks to a Bikini Body.

martes, 6 de agosto de 2013

Algo para compartir: consecuencias de tener un blog público

Facebook me pregunta ¿qué estás tramando? Y la verdad es que no mucho. Ahora con mis bebés (sí, ¡porque todavía son bebés!) de vacaciones del nido,  con mi verdadera bebé de dos meses que todavía no tiene muy claro eso de que “las noches se han hecho para dormir” y las mil cosas que tengo que atender de la casa, no tengo mucho tiempo para tramar nada. Estoy, como le dije a una amiga hace poco,  sobreviviendo. Cuál miembro de alcohólicos anónimos, me repito a mí misma sin parar: “un día a la vez”, “un día a la vez” para no abrumarme pensando en todos los días de malas noches que me quedan por delante y las mil actividades diarias que debo hacer por mis hijos, la casa y obvio, por mí.

Pero bueno, eso no era lo que quería compartir. Lo que quería compartir es el efecto que tuvo mi anterior blog “¿Cómo te puedoayudar para qué la pases mejor?” sobre mi marido. Así es, mi querido esposito leyó mi blog. La verdad que no lo esperaba porque nunca lo lee, pero como yo no soy piña, si no re-piña. Ese día se le ocurrió leerlo. Y, bueno se molestó un poco, mi miró raro y dijo “¿cómo escribes eso en un sitio público?... pero lo cierto es que eso nos permitió conversar sobre cómo me sentía yo anímicamente (porque la verdad de los hechos es que tener un recién nacido es duro; no sólo física, sino también emocionalmente) y permitió que compartiéramos más como pareja y como padres.


Así que pensándolo bien, esta vez la suerte sí me acompañó, ya que no sólo me permitió un diálogo honesto con mi esposo, sino también permitió un cambio de actitud (aunque él no lo quiera admitir) muy positivo de parte de él: me acompaña cuando estoy dando de lactar, me conversa para que no muera de aburrimiento mientras lo hago, ahora sí se encarga full (mejor que cualquier nana) de los mayores, organiza planes dentro de casa y lo mejor de todo: en las noches no espera a que yo acueste a todos para pedirme su comida (sí, eso hacía mi amor). Gracias a todo esto mi estado de ánimo ha cambiado mucho, estoy más descansada y optimista (aunque claro, todavía tengo mis días negros) y lo mejor: me siento mucho, mucho más feliz. Así, que mi rey si estás leyendo esto: gracias por tomártelo bien y apoyarme. Y, a aquellas que todavía sus parejas, esposos, juntes, etc. no les hacen mucho caso mi consejo es: abran un blog y escriban… jejeje

miércoles, 24 de julio de 2013

¿Cómo puedo ayudarte para qué la pases mejor?

¿Cómo puedo ayudarte a que la pases mejor? Esta es la pregunta que me hizo hace un par de días atrás mi esposo cuando me vio al borde del colapso. En ese momento estaba tan cansada que no atiné a decirle nada. Estaba tan abrumada que pensé que no había nada que mi marido pudiera hacer por mí. Pensaba que al menos que él empezara a producir leche no había mucho que pudiera hacer por mí, pero lo cierto es que pensándolo bien, sí hay muchas maneras en las que me puede ayudar. Y acá le digo cómo.

No me invites al cine, ni a comer, y mucho menos a tomar unos tragos en las noches; no es porque no quiera salir contigo y pasar tiempo juntos, si no precisamente porque me encanta salir contigo y me es muy duro decirte que no puedo salir una, dos o tres veces, y al final quizá termine cediendo sólo para terminar más agotada aún. Hoy por hoy no puedo prescindir de esas dos o tres horas de sueño que me roba una salida nocturna. ¿Qué tal si me invitas a almorzar o a salir por la tarde? Los desayunos también me caen genial.

Madre agotada durmiendo con hija
No me reproches por quedarme dormida cuando vemos una película, estoy muerta y es una de las pocas cosas que podemos hacer juntos. Tú la ves mientras yo duermo. Tampoco me reproches cuando me quedo dormida antes de las 9:00 p.m., nuestros días empiezan a las 6:00 a.m y mis noches no son corridas. Y por favor, no me digas que tengo todo el día siguiente para descansar, porque sabes que no es así. Tengo que atender tres niños, una casa, un perro y me gustaría tener algo de vida propia. Necesito estar lúcida.

No sigas con tu vida como si nada, tenemos un nuevo bebé en casa y sé que las obligaciones que te impone la sociedad a ti son distintas que las que me impone a mí, pero por favor: nadie te obliga a “cumplir” con todos los eventos sociales que tenemos. No sugieras que puedes ir tú sólo a un matrimonio, o a una fiesta de cumpleaños mientras que yo me quedo en la casa atendiendo a los niños y al bebé. Estamos juntos en esto, y no es justo que me quede sola en casa como si estuviera castigada. No estoy castigada, y tú no estás obligado a ir a ninguna parte. Tu obligación es conmigo, con esta bebé y nuestros hijos. Créeme, la gente va a entender que con un recién nacido y/o hijos pequeños la vida social cambia.

Puedes ayudarme: hazme cariño en las noches antes que me quede dormida, así como a veces haces. Eso me hace sentir segura y acompañada, me hace notar que no estoy sola en esto. Me recuerda que me quieres. Porqué sabes, a veces me siento sola, muy sola. Un recién nacido es sumamente demandante y muchas de las demandas sólo las puede satisfacer la madre, pero me puedes acompañar. Sentarte a mi lado y conversarme o por último, mirar tu celular a mi costado mientras yo doy de lactar.

Por último si como tú dices sientes que eres inútil con la bebé porque sientes que no hay mucho que puedas hacer, no te preocupes, con que me acompañes, cuides mi sueño y me preguntes como me siento, ya me estás ayudando bastante. Gracias por preguntar, y gracias por esperar. Antes que nos demos cuenta la bebé estará grande, y podremos disfrutar juntos todas esas cosas que nos gustan hacer, pero mientras tanto ten paciencia y acompáñame.

lunes, 15 de julio de 2013

Las de la intuición


Leí hace un tiempo unas declaraciones de Gwyneth Paltrow en las que indicaba que en cuanto a la crianza de sus hijos, no deja nada a la intuición y se guía más bien por la razón. Me sorprendí mucho al leer estas declaraciones pues, por el contrario, en la crianza de mis hijos yo me guío mucho por mi intuición.  Siempre lo he hecho así, desde que mi hijo mayor estaba en la panza y no estaba segura si el líquido (muy escaso) que había sentido chorrear entre mis piernas era líquido amniótico (señal que se me había roto la fuente), o un común descenso de embarazada. Me deje guiar por mi intuición, y ¡acerté! a las pocas horas ya era mamá por primera vez.

Es quizá por eso que me sorprende tanto que alguien se guie tan tajantemente por la razón, la cual asocio con la teoría y “el libro”, pues en el corto tiempo que soy madre he aprendido que con los niños no hay recetas, ni fórmulas: lo que funciona con uno, no necesariamente funciona con otro; y lo que te funciona un día, no necesariamente te funciona al día siguiente. Así, es que – en mi caso-  la intuición es mi principal fuente de referencia. ¿Está mal? No lo sé, a mí me funciona y la verdad creo (y espero) que lo estoy haciendo bien.


Sé que cada una tiene su propio estilo de crianza y ser madre es una experiencia distinta para cada persona, en mi caso particular  he aprendido a confiar en mi intuición y me funciona. Y quizá sea como dice mi hermana: “ojo de loca, no se equivoca” y por eso me va tan bien con esto de la intuición materna… quién sabe.