martes, 26 de marzo de 2013

El postparto: lo que nadie te dice

¿Cómo es en verdad el post parto? La verdad del postparto.
Este post nació a sugerencia de mi hermana, quien acaba de tener su primer bebé. Una lindurita de apenas 1 mes. Ella como toda primeriza vive en un constante estado de ansiedad y preguntándose si lo estará haciendo bien, y cuestionando si todo lo que siente/piensa/hace es normal. Me pidió que cuente todo aquello que nadie cuenta o que solo te cuentan tus mejores amigas en esas sesiones de catarsis que deberían siempre ser más seguidas.
Lo que nadie te dice del postparto: mamá en clínica dando de lactar a bebe

En mi experiencia son varias cosas fundamentales las que nadie te dice, o si te las dicen por algún motivo no haces mucho caso. Yendo al grano –en mi opinión- esta es la lista de las cosas más importantes que debes de saber:

1.       Criar a un recién nacido AGOTA y este desgaste no es solo físico sino también emocional.  La angustia que genera tener a un recién nacido en casa sólo se compara con la angustia que sintió Jesús en el huerto de Getsemaní (recuerden que sudó sangre).  Esta angustia disminuye con el tiempo y a medida que vamos conociendo a nuestro bebé.
2.       Si bien has llevado a ese bebé en tu vientre durante 9 meses no lo conoces, y él tampoco a ti. Así, que les va a llevar un tiempo (re)conocerse fuera del vientre. No te sientas mal si tu bebé llora y llora y no tienes idea de porqué, los primeros días/semanas será ensayo y error hasta que aprendas a identificar sus llantos.
3.       Algo que siempre genera polémica, debido a la presión social que existe alrededor, es la lactancia. Con la experiencia de haber dado de lactar exclusivamente a dos por más de 8 meses cada uno, puedo dar fe que dar de lactar no es una experiencia tan fácil y grata como te la pintan. Dar de lactar es duro. Los primeros días duele y puedes tener hasta heridas, el resto del tiempo: un ser humano depende 100% de ti para su supervivencia (El huerto, el huerto). Sí es cierto, es lo mejor que le puedes dar a tu bebé, pero no es fácil para todas. Mi conclusión es que si te cuesta mucho y vives malhumorada, fastidiada y deprimida, complementes con fórmula o les des sólo fórmula. Lo más importante para el niño/a es tener una madre feliz y plena, no una máquina proveedora de leche que ande amargada e histérica y transmita todos estos sentimientos al niño/a.
4.       Los cambios hormonales son ciertos. Claro, que eso no significa que vas a tener que medicarte. Pero, definitivamente tus hormonas están alteradas y lo vas a notar (y, no solamente tú sino todos los que viven contigo).
5.       Vas a querer tirar a tu bebé por la ventana. Y si alguien te dice que nunca ha sentido eso con sus hijos es porque ha delegado bastante su crianza. Pero, tú que los estás criando (o tratando de criar) a puro pulmón sabes lo duro que es, y que es inevitable exasperarse con ellos (VER ACA).
6.       Vas a tener sentimiento de culpa, y ¿cómo no? después que lo has querido tirar por la ventana, te entra un sentimiento de culpa horrible cuando ves a tu “angelito” descansando profundamente. No te preocupes, lo superarás. También te da sentimiento de culpa irte por mucho rato de la casa, salir a la peluquería, ir a tomar café con las amigas, etc.  
7.       Te olvidas del marido. Bueno, esto no les pasa a todas pero sí a las más “mamá gallina”, y no es que te olvides de que él existe es que el pobre pasó a un 5to plano. No te preocupes, lo superará.
8.       La barriga te queda totalmente flácida e hinchada después del parto. En algunos casos se te rompen los músculos de la panza. Tienes que trabajar duro para recuperarla, y algunas sólo recuperarán sus formas mediante una cirugía.

Estos son en mi opinión los puntos más importantes que toda primeriza debe saber sobre sus primeros días con un recién nacido en casa. Quizá, para algunas hayan otros más o quizá quitaría algunos de la lista. Lo importante es compartirlos y difundirlos y que todas nos enteremos. 

miércoles, 13 de marzo de 2013

No puedo más. ¿Estaré preparada para esto?


La primera vez que pensé esto mi pequeño tenía casi 2 meses. Eran las 3:00 a.m. y no quería dormir después de haber lactado por casi una hora. Yo estaba agotada tenía más de 6 semanas cambiando un promedio de 8 pañales diarios, dando de lactar cada 4 horas (las 24 horas), y sin poder dormir por más de 3 horas seguidas. Lo único que quería era que se durmiera, o se quedara quieto en su cuna sin hacer ruido para yo poder dormir unas 3 horas más antes que se levante chillando por su nueva toma de leche. Cuando estaba al borde del colapso apareció mi esposo y luego de ver mi cara de desesperación me mandó a dormir. Me fui a dormir sintiéndome pésima por no haber tenido más paciencia. Sabía que me faltaban muchas malas noches más y tenía que adquirir técnicas para dominar mi agotamiento. No era culpa del bebé tener que lactar cada 4 horas (claro que tampoco era mía). Finalmente, el sentimiento de culpa cedió y me dormí con un nudo en la garganta. Nada ni nadie me había preparado para esa sensación de desesperación causada por mi hijo.

Hace un tiempo leí en algún lugar que los padres no están preparados para enfrentar sentimientos de ira, vergüenza y dolor frente a las acciones de sus hijos. Desde que el bebé es un proyecto y está en la barriga, los padres fantasean con momentos agradables y divertidos, nunca con momentos en que sus hijos los puedan sacar de quicio, frustrar y menos aún avergonzar.  Es cierto, jamás me imaginé que mi pequeño a su tan corta edad pudiera hacerme sentir tan frustrada e iracunda. La primera vez que lo sentí (a las 3:00 a.m., luego de unas semanas extenuantes) me sentí muy mal.

Los años han ido pasando y los retos son cada vez más grandes. No es lo mismo lidiar con un recién nacido que lidiar con un niño de casi 4 años, y mucho menos con un adolescente (falta mucho para mí, ¡felizmente!)  He logrado (hasta cierto punto) dominar ese sentimiento de culpa causado por la ira, vergüenza o dolor frente a las acciones de mis hijos, aunque claro no es nada fácil, más aún si consideramos que en todas nuestras fantasías maternales nos imaginamos disfrutando de las compañía de nuestros hijos, pasando ratos agradables en familia, divirtiéndonos y gozándolos.

Creo que en verdad, una nunca está 100% preparada para la maternidad. Sea esta buscada o sorpresiva hay muchos factores de por medio que hacen de la crianza de los hijos un reto diario. Es normal sentirse, en algunas ocasiones, no preparada y constantemente acechada por la pregunta: ¿lo estaré haciendo bien?

En mi opinión, lo importante es hacer lo mejor que una puede. En algunas ocasiones me sentiré más preparada que en otras, más capacitada que en otras para enfrentar los retos de la crianza pero en todas, siempre en todas, sé que estoy haciendo lo mejor que puedo y aunque quizá dude un poco, siempre tendré la certeza que lo estoy haciendo, eso sí, con todo mi amor.