lunes, 9 de junio de 2014

La más metiche del salón

Sí, ya sé lo que están pensando, que la más metiche del salón, de la promoción y de la vida soy yo. Y que me siento muy orgullosa de serlo y les voy a contar al respecto. Pues, NO. No es así.  Esta vez no voy a hablar de mí, y de cómo me meto en todo lo concerniente a mis hijos, de eso ya he hablado suficiente. Ahora más bien, voy a hablar de un (gracias a Dios) poco común espécimen de neuro madre que pulula por los colegios (y los nidos también), y a la cuál desde el día de hoy le he cogido una tirria enfermiza: la mamá más metiche del salón (a.k.a la mini miss).

Definitivamente, la vida de esta madre gira alrededor de sus hijos y no tiene nada mejor que hacer que andar alrededor de ellos. Hasta ahí, todo bien. Además, uds. dirán ¿en qué se diferencian de ti, entonces? Bueno, espero (realmente, lo hago) que nos diferenciemos en el hecho que, yo jamás me tomaré atribuciones que no me corresponden, y menos aún me meteré en dónde no me han llamado. Y es precisamente en esto en lo que radica mi repentino odio a la versión más hard core de las neuromamás: su falta de límites, el no saber hasta dónde y cuándo meterse, el tomarse atribuciones que nadie les ha dado, y por último no darse cuenta cuándo incomodan y es momento de parar. 

Afortunadamente, sólo me he topado con un par de especímenes de este tipo en mi vida. Ambas en la primera infancia de mis hijos. Una de ellas alborotaba con su entusiasmo el nido al que asistían mis hijos, además de fungir de organizadora del salón: organizaba el cumpleaños de la Miss, de la auxiliar, del portero y hasta de los pájaros mascotas que hay; también las tardes de juegos, fiestas de navidad, de halloween y similares y, por supuesto se colaba a todos los paseos (sí, sí aún a aquellos en los que estaba prohibido). Para mí, que en aquel entonces trabajaba, me era muy útil. Claro, el problema era para las mamás que estaban ahí y, sobre todo, para la miss. Más de una vez en la que llegué tarde a la hora de entrada me la encontré mirando por la ventana del salón dando órdenes a los niños y a la auxiliar, o peor aún diciéndole a la miss que debía de hablar con alguna mamá porque no veía bien al niño. O, la peor de todas, sentada en la alfombra del salón y sin moverse cuando la miss (con cara de desesperación) hacía sonar su campanita y era hora de empezar clases. Ella no se movía.

Little girl dessed up as a viking
El otro espécimen lo tengo ahora en mi salón. Y quizá, el motivo por el cual le tengo tanta tirria es porque se mete en todo aunque nadie le haya pedido y con su presencia altera a mi hijo (pues él quiere que también esté su mami). Cuando se pide voluntarias para ayudar en ciertos eventos ella, por supuesto, es la primera en apuntarse y la última en irse. Y bueno, ahí todo ok pero... cuando no es su turno de colaborar, ella igual está ahí. Llega primera y se va última y no capta que su presencia es non grata. No deja participar a otras mamás,  aunque a ellas sí les corresponde. Para muestra un botón, esta mañana insistió en quedarse a ayudar en una celebración interna, a pesar que no está permitido, y se fastidió muchísimo cuándo le dije que no se podía quedar pues no era su turno. 

Por lo pronto, la auxiliar la tiene entre ceja y ceja pues le quita funciones (¿quizá quiere su chamba?). De verdad que no habría ningún problema si no fuera porque - en mi opinión - estas madres tanto la primera (la del nido) y la segunda (del colegio) con su actitud muestran una total falta de respeto y consideración para con las demás personas. La profesora, los otros padres de familia (que sí cumplen con las disposiciones del centro educacional), los niños (sí ellos también) y por último, el centro de estudios. En fin, tomaré esto como lo que no quiero llegar a hacer por muy neuro que sea. 

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