martes, 14 de julio de 2015

¡No a las actuaciones!

Si, ya sé. En esta ocasión estoy sola en mi lucha. A la mayoría de padres les encantan las actuaciones, les encanta ver a sus retoños disfrazados, parados en un escenario cantando y/o bailando. Soy minoría y lo sé. Pero, eso no es impedimento para que me queje o escriba al respecto. Además, estoy segura que por ahí hay algunos cuyos hijos odian actuar, lloran cada vez que tiene que salir al escenario y que ellos – como padres – detestan estas actuaciones más que yo.

Foto propiedad de: http://www.elecodejumilla.es/
En general, no tengo nada en contra de las actuaciones escolares. Aunque, debería ser más clara. No tengo nada en contra de los padres y niños que disfrutan de éstas. Porque, sí tengo algo en contra de las actuaciones cuando éstas son excesivamente largas o cuando visten a mi hijo como un lornón  (alguien tiene que abogar por la dignidad de mi pequeño). Por un lado, me parecen excesivamente intimidantes para niños menores de 6 años y por el otro (debido a que son muchos niños en escena y todos deben actuar) son excesivamente prolongadas causando fastidio en los niños y, sincerémonos,  en sus padres también.

Además, hay otro tema en el que recién he caído en cuenta este año; y es que en las actuaciones siempre habrá protagonistas, secundarios y extras. Y bueno, por supuesto que es genial ver a tu hij@ durante 45 minutos cuando él o ella tiene un papel protagónico o toca algún instrumento, pero cuando es un simple extra que solo está en escena por 3 minutos… seamos honestos, es realmente una tortura ver los otros 40 minutos de show.

Sí, ya sé que esto es excesivamente majadero de mi parte. Pero, ¡compréndanme! por más de 5 años me he sentado en todos las actuaciones habidas y por haber para apenas poder ver algo de mis hijos. Pues, al estar ellos dentro del 95 percentil de crecimiento son los más altos del salón y siempre están en la fila de atrás. Todas mis fotos y grabaciones son de mis hijos a lo lejos, atrás en la última fila y con la cara de algún compañerito más bajito que está delante de ellos tapando todo.  A esto, se une el hecho que a mi hijo mayor le llega altamente tener que actuar, que la segunda – a pesar de ser totalmente dada a las artes histriónicas – es tan alta que está condenada a estar siempre en la última fila, y que la tercera tiene su propia agenda ... y, a veces, esta agenda no incluye los shows. 

Asì veo yo a mi hijo en las actuaciones escolares. ¿alguien lo ve?
Unido a esto, además está que tanto en el colegio como en el nido la inversión en los disfraces es bastante fuerte. Felizmente, es sólo un show por año, pero igual. El precio de los disfraces es exorbitante, sobre todo considerando que sólo lo usan una vez. Sí, claro. Los pueden usar para Halloween. A ver, díganle a mi hijo que se disfrace de un príncipe, de un pastor o de Sportacus para Halloween, creo que primero muere. Lo mismo mi hija, la eterna princesa. Se muere antes de salir a la calle disfrazada de pollo o de un muñeco de nieve.

Es por todo esto y más (como los casos en que los niños sufren pánico escénico y no suben al escenario) que yo le digo NO a las actuaciones escolares. ¡No a las actuaciones gigantescas! No a las actuaciones grandes, eternas y tediosas donde sólo 2 o 3 niños sobresalen y al resto ni se los ve. Sí a las actuaciones pequeñas dentro del salón, con la gente del salón y con disfraces hechos en casa. Donde todos (incluidos los niños) podamos disfrutar del show.

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