lunes, 17 de julio de 2017

¿Qué hacer con los chicos en las vacaciones de invierno?

Las vacaciones de invierno ya están aquí. Muchos de los colegios ya terminaron clases y muchos otros están terminando en estos días. Cuando estaba en el colegio las vacaciones de invierno eran mis favoritas pues, no eran tan largas como las de verano (que para ser honesta se me hacían eternas) y, además, me encantaba (todavía me encanta) quedarme en Lima sin tener que preocuparme por horarios, tareas, tráfico, exámenes, responsabilidades, etc.

Ahora que soy mamá, estas vacaciones me encantan por el mismo motivo: no hay tráfico, tareas, no hay que levantarse temprano ni arrear criaturas hasta el colegio. El descanso se me hace justo y necesario. Pero, debo confesar que estas 2-3 semanas sin una rutina y sin planes para los chicos se me hacen súper estresantes: no tengo tantas actividades caseras como para entretener a mis hijos todo el día, y termino peleando para que no se peguen a la tele, tablet, videojuegos o todas las anteriores. Por eso, empecé a averiguar sobre alternativas de talleres, clases y programas para estas cortas vacaciones, y uno de los que más me gustó, por lo completo y variado, es el programa de vacaciones de medio año de la YMCA.

El programa de vacaciones de invierno de la YMCA (ojo, sede Surco, averigüé de esa porque queda cerca a mi casa, jejeje) me encantó, primero porque es la ¡¡¡GUAY!!! Y no sé uds. pero yo, crecí compitiendo contra el equipo de natación de la guay (o ACJ, como también le decían) y era un club deportivo al que mi papá admiraba mucho. Además, tengo recuerdos de haber ido varias veces a nadar y a hacer gimnasia rítmica en la sede de pueblo libre. (snif, snif, recuerdos hermosos).

Planes con niños en vacaciones invierno
Regresando al programa de vacaciones de la YMCA-Surco, me encanta porque ofrece una variedad de cursos novedosos y entretenidos como robótica, natación (ya saben que soy fan de este deporte), bailes, ciencia, entre otros. Además, estos cursos están divididos en dos rangos de edad: para niños de 3 a 5 años y para niños de 6 a 12 años, lo que es ideal porque, como bien sabemos, los tiempos y dinámicas de cada edad suelen ser distintos.

El programa de la YMCA también cuenta con personal de primer nivel capacitado en el trabajo con niños, lo que hace a este programa perfecto para las mamis que trabajan a tiempo completo o a aquellas que no tienen con quien dejar a sus hijos por las mañanas mientras hacen sus cosas. El horario es desde las 9:00 a.m. hasta la 1:00 p.m de lunes a sábado. Por lo que pueden trabajar tranquilas en ese horario ;).

¡Ya saben! En estas vacaciones de invierno, sus hijos pueden estar entretenidos y alejados de tablets y videojuegos en un ambiente seguro y sano dónde conocerán nuevos amigos y la pasarán genial. Sólo deben llevarlos a la YMCA y además, si han leído este post y son fans de NeuroMamá lo podrán mencionar en el counter y recibirán un regalito especial. (yeeeeeee)

DATOS IMPORTANTES:
El programa va del 24 de julio al 5 de agosto de lunes a sábado de 9:00 a.m. a 1:00 p.m.
El programa se divide en 2 rangos de edad: De 3 a 5 años y de 6 a 12 años.
Las actividades son:
de 3 a 5 años: natación, circuito motriz, robótica, ritmo y sabor, manos creativas, comida saludable temática.
De 6 a 12 años: natación, deportes, circuito motriz, science max, mandalas, comida saludable temática, robótica.
El regalo en la matrícula se aplica única y exclusivamente para la sede Surco.

Y si ya leyeron hasta acá, les cuento que mañana por la mañana sale un sorteo para ganar una beca completa para 1 niño en el programa de vacaciones de invierno de la YMCA-Surco. 

lunes, 10 de julio de 2017

Five nights at Freddys y otros videojuegos para padres desesperados

Mami, ¿tú conoces a Freddy?
¿Qué Freddy??? – Dije mirando a mi hijo con espanto -¿Krueger? ¿Freddy Krueger?
Nooo, Ma. Freddy, el de Five Nights at Freddy’s
¿Qué? ¿Quién es ese? Nunca lo he visto, a ver enséñamelo.

Y así, fue como – hace más o menos 1 año atrás – esta neuro madre desesperada (y un poco asustada) conoció al famoso oso Freddy y toda su pandilla del videojuego Five nights at Freddy’s. Mi hijo me enseñó un vídeo de youtube y desde ese día no para de rogarme para que le baje los juegos (están en IOS, Android y todas las demás), le pidió a Papa Noel que le traiga al muñeco bendito y por su cumpleaños, también los quiere a todos. Y no sólo él, todos sus amiguitos están obsesionados con ese juego.

Pero ¿de qué trata este videojuego? ¿a qué rango de edad va dirigido? Y lo más importante ¿es seguro que lo jueguen nuestros hijos menores de 12 años?

Vayamos por partes. Five nights at Freddys es una saga de videojuegos de terror – que apelan al terror psicológico a la antigua (o sea, sustos y tensión) - creada y desarrollada por un tal Scott Cawthon. El video juego ya cuenta con 5 “episodios” de la saga y hasta un spin off: Five nights at Freddy’s World. El videojuego se hizo conocido por sus videos virales en YouTube dónde varios gamers se filman jugando y siendo asustados. Lo más probable es que si tu hijo no tiene aparatos eléctricos propios (como el mío) haya conocido a Freddy por sus videos en YouTube. Así que no te alarmes.
 
Five nights at Freddy's toys
Esta foto la tomó mi hijo a sus juguetes 
En "Five Nights at Freddy's", el jugador asume el rol del personaje principal quien es el nuevo vigilante de seguridad en la pizzería "Freddy Fazbear's Pizza" —un restaurante tipo Chuck E. Cheese's. El problema, es que esta pizzería tiene unos animatrónicos (Freddy y todos sus amigos) que en la noche caminan libremente ya que, si no se mantienen activos, sus servomotores se apagan. La idea es sobrevivir 5 noches sin que estos animatrónicos te maten.

Al ser el vigilante nocturno de la pizzería, el rango de acción del jugador está limitado a mirar por las cámaras de seguridad. Sólo puede protegerse cerrando puertas para que los animatrónicos no ingresen a su puesto. El ambiente es oscuro, pues tienes poca batería para usar las cámaras y prender las luces y acá radica el terror del asunto: entre muñecos, apagones, ruidos raros y trucos hay una tensión real que te hace saltar hasta el techo. Es el miedo más primario: miedo al miedo. Nada de sangre, nada de tragedias, nada de palabrotas; puro susto psicológico. Y eso es precisamente lo que les encanta a los niños.

El videojuego fue creado con la intención que hasta el jugador con menos experiencia pueda jugarlo y lo pase bien. Por lo que ahí no hay un mínimo de edad. De otro lado, el video juego apela al thriller de terror psicológico por lo que la organización "Common sense media" lo recomiendan para niños a partir de los 12 años con una madurez media pues, la tensión y sustos del juego son reales.

Personalmente, pienso que dejar o no que tu hijo se baje este videojuego depende de cuan maduro lo veas para afrontar sustos y miedos. En líneas generales, los expertos piensan que el thriller de terror psicológico es demasiado para los niños y estoy de acuerdo.

Imagen del videojuego Roblox

Otros juegos como Roblox y Clash of Clans han sido rankeados como para 10 y 12 años respectivamente por la misma organización common sense media. Estos dos juegos a mí me encantan pues son de estrategia y en el caso de Roblox puedes crear contenido, lo que estimula la imaginación. El problema está, en que en Roblox nunca falta quien crea contenido poco apropiado para los niños y en caso de Clash of Clans cómo es un juego interactivo, pueden ser contactados por otros gamers. En mi opinión, nada que no pueda ser solucionada con supervisión adulta.


Eso es todo lo que averigüé de estos juegos. Para más info de otros videojuegos, series y películas les recomiendo mucho la página “Common sense media”. En esta página son los propios padres los que otorgan las reseñas y rankings de los juegos, series y hasta películas. 

jueves, 6 de julio de 2017

Hay días malos

Definitivamente hay días en que los astros se alinean, nuestro ángel de la guarda se toma vacaciones o, nos levantamos del lado incorrecto de la cama, pero son días definitivamente malos. Esta semana para mí, ha sido una de esas semanas, esas con muchos días malos.

Todo empezó el día martes (el lunes – increíblemente - todo fluyó maravillosamente). Por la mañana fui a hacer unos trámites que resultaron imposibles de realizar. Necesitaba hacer otro trámite más, antes de poder hacer el trámite en cuestión. Grrrrrr. Por la tarde mi hijo mayor tenía un partido amistoso de fútbol y – a pesar de que leí y firmé la carta dónde colocaban claramente el nombre y la dirección del colegio en el que realizaría el campeonato -  me confundí y me fui a otro colegio. En mi defensa era un colegio con el mismo nombre y en el mismo distrito. Pero, igual. El daño estaba hecho. No llegué a tiempo para verlo.

¿Se imaginan mi cara cuando caí en cuenta que yo, yoooo - la neuro-madre más neuro del mundo - había ido a alentar a mi hijo (junto con mi hermana, mi cuñado y mi hija la segunda) al colegio equivocado? O sea, no me puse a llorar sólo porque había otras mamás despistadas junto conmigo y algo de orgullo tengo. Pero, debo decir que salí manejando como una poseída y cuando llegue al otro colegio (al verdadero) la cabeza me quería explotar y las lágrimas se querían salir.
Mujer triste mirando la ventana en un día malo

Felizmente, llegué para ver los últimos 15 minutos de juego.

Luego, el miércoles. Ese día había conferencia de padres y maestros en el grado de mi hija la segunda. La tutora de mi hija me había escrito diciendo que no era necesario que mi esposo y yo nos inscribiéramos en esta actividad porque ya nos habíamos reunido con ella unos días antes. Lo que yo NO entendí era que igual tenía que ir al colegio para que mi hija me enseñe los proyectos y actividades que trabajan en clase. Luego, ya me podía ir sin necesidad de conversar con la profesora.

Mi hija volvió a casa tristísima. Yo tenía que haber ido y no fui. Lo peor es que no podía hacer nada para remediarlo. Me sentí pésima. ¿Qué era lo que no había entendido? Releí mis correos y bueno, sí había recibido 2 correos sobre el mismo tema en dos días seguidos y como vivo apurada mi cerebro hizo un “atajo mental” y deseché uno de ellos. Me quedé (obviamente) con el que más me convenía. La gran perjudicada: mi chiquitita. Esa noche no dormí.

Sí, ya sé. No es que los astros se hayan alineado en mi contra ni nada por el estilo, es que simplemente mi nivel de distracción y atolondramiento ha llegado niveles alarmantes. No retengo absolutamente nada de lo que me dicen. Quedo con 3 personas a la misma vez, hago citas que anoto en mis 2 agendas (sí, tengo 2) y luego olvido olímpicamente. Si estuviera en el colegio seguro me diagnosticarían con TDA, o algún desorden de atención similar.

Y esto me hace sentir muy mal. Estoy realmente triste y esto contribuye a que vea estos días más oscuros y tristes de lo que en realidad son. Esta semana no le he cumplido bien a nadie. Bueno, lo que va de la semana. Todavía me quedan 3 días para reivindicarme (con fe, con fe): tengo mis dos agendas alineadas, no estoy asumiendo nada, estoy chequeando todo dos veces y estoy aceptando que yo también me puedo equivocar y puedo fallar incluso con quienes más quiero (mis hijos). 

Ahora me voy a dormir pensando que hay días malos y estos dos últimos fueron de esos, pero que también hay días buenos y muy buenos y que me debo perdonar, porque mañana puede ser uno de esos.  

lunes, 26 de junio de 2017

10 tips para un buen hábito de sueño en los niños

Hace unos meses atrás publiqué un post (acá: Mi cama es mía y solo mía) y varias fotos (verlas acá) de cómo mis hijos se habían apropiado de mi cama tanto, tanto que mi esposo y yo nos teníamos que ir a dormir a otro lado porque los 5 no entrabamos en mi cama. Naturalmente, esta apropiación ilegal de nuestro espacio (ilegal sí, porque yo no practico el colecho -o al menos no lo hago voluntariamente) estaba causando estragos en la salud, rendimiento y vida sexual mía y de mi esposo.
Mi esposo se dormía en el borde y yo me iba a otro cuarto

Afortunadamente para mí, poco después que publiqué ese post me contactó Camila Soto, la única “gentle sleep coach” en el Perú (www.buhosdormilones.com), para ayudarme a iniciar un proceso gentil y respetuoso de devolver a mis hijos a sus camas. Camila es una coach gentil de sueño, es decir, aboga por entregar a los niños habilidades para dormir solos y de corrido de una manera agradable y respetuosa (lo cual encaja perfecto con mi estilo de crianza). Ella y yo nos reunimos y me dio varios tips y sugerencias que apliqué con bastante éxito, y – como sé que el sueño es algo que nosotras las madres valoramos mucho - se los comparto acá.  

Pero, antes de dejarles los tips, debo señalar que mis hijos tienen 7, 5 y 4 años. Ya están un poco grandes (sobre todo el de 7) para cambiarles los hábitos. Aunque, esto no significa que no se puedan cambiar, para nada, pero sí significa que es más difícil y más trabajoso. Así que, si quieren recuperar su cama y volver a disfrutar de una buena noche de sueño ¡¡no esperen tanto como yo!!

Los tips gentiles para un buen hábito de sueño en los niños son:

1.       Tener una rutina previa al sueño clara y bien definida y (no salirse de ella). Yo la tuve con mis hijos desde el día que nacieron. Pero, conforme mis hijos crecían la fui cambiando y un poco que abandonando. Ya la retomé. 
2.       Alinear a toda la familia con la rutina pre-sueño. Todos debemos estar alineados: mamá, papá, abuelitos y nanas (si estos los ayudan con la hora de dormir). En mi caso, muchas veces mi esposo llega cuando yo los estoy acostando y los alborota a todos. Esto se acabó.
3.       La rutina pre-sueño ideal incluye cenar antes de bañarse, luego del baño leer algo o jugar algo muy tranquilo y estar en la cama a las 7:15p.m
4.       A partir de las 5:00 p.m. prohibido TV, videos, videojuegos y similares (estos los alteran y no los dejan descansar como se debe).
5.       En mi casa hemos creado una cartulina de los “buenos modales del sueño” con refuerzos positivos cuando cumplen estos modales.
6.       Antes de echarse a la cama para ir a dormir deben tomar agua, ir al baño y etc. Porque una vez acostados no deben estar saliendo, ni pidiendo cosas.
7.       Al acostarlos no meterse ni echarse a la cama con ellos. Debemos sentarnos en una silla al costado y ahí acompañarlos a que se duerman solos. A medida que van independizándose, la silla se va alejando.
8.       Al acostarlos, ponernos en “modo zombie” (esa es fácil) y no hablarles, no contestarles y evitar el contacto visual.
9.       Si se pasan a nuestra cama hay que devolverlos a la suya una y otra vez. Si se pasan 10 veces, los devolvemos las 10 veces.
10.   Así como hay una rutina para acostarse, debe haber una rutina para levantarse. El día debe empezar con una alarma o música y abriendo las cortinas.

La consistencia en estos puntos es vital. Debemos ser constantes y firmes para ayudar a nuestros hijos a dormir bien. Personalmente, solía fallar en la consistencia.  


La verdad que estos consejos y tips nos han ayudado mucho, mis hijos duermen mucho mejor, varias noches duermen corrido en sus camas (no todas aún) y, sobre todo, duermen más tiempo lo cual les permite más descanso y un mejor rendimiento general. Y no sólo ellos duermen mejor, mi esposo y yo también. Dormimos cómodos en nuestra cama y sin interrupciones (¡y sí, ahora tenemos más tiempo para hacer eso!).

SLAM NeuroMamá

¿Quieren conocer un poco más sobre mí? Preguntas nunca antes hechas???

Entonces, no se pueden perder el slam de MBP



viernes, 16 de junio de 2017

Los papás en el blog de NeuroMamá

Es cierto, lo admito. No escribo mucho sobre los papás en mi blog. Apenas, si he escrito algunos posts sobre ellos (ya bueno sólo 3 posts). Y por eso mismo, quiero aprovechar que ya se viene el día del padre y reivindicarme con los padres de mi vida, y que mejor manera que dedicándoles este post. 

Quiero empezar diciendo que – en mi opinión -  en términos de crianza y vínculo con los hijos, los papás de hoy no tienen nada que envidiarles a las mamás. Y eso me encanta. Hoy por hoy, los papás que quieren, pueden estar tan involucrados en la crianza y quehaceres domésticos cómo deseen. Y mucho de ellos lo están: cambian pañales, preparan biberones y bañan a sus hijos tan bien como las mamás y no sólo eso, algunos incluso cocinan, los acuestan, arropan y arrullan mejor que cualquier niñera, y - en mi caso particular – es mi esposo el que se levanta en las noches cuando alguno de nuestros hijos se despierta (ver post acá).

Y empiezo diciendo esto, porque no siempre fue así. En generaciones anteriores el rol del padre se limitaba casi exclusivamente a ser el proveedor económico de la casa. Un tanto ausentes en el día a día, sus funciones se centraban más en imponer disciplina a los hijos, supervisar las notas y libretas y, en algunos casos, instalar y/o arreglar los equipos eléctricos de la casa.
Pictures of the dad's in NeuroMama Blog

Aún con esto, mi papá siempre fue una figura presente y adelantada a su época. Mi papá nos bañaba, nos cambiaba, nos llevaba a nuestras clases de natación y se quedaba mirándonos (junto con puras mamás y nanas), él nos acostaba y me enseñó la oración que al día de hoy rezan mis hijos; nos cantaba canciones para arrullarnos (las letras eran un tanto inusuales, eso sí) y nos preparaba unas comidas deliciosas: arroz con tomate (mi favorito personal), arroz chaufa con huevo frito, huevitos revueltos y por supuesto el favorito de la casa: “la ricura de papá” (un plato inventado por él). Su amor, lo doy por sentado. Yo sé que siempre seré su hijita, la hijita de papá (post acá) y él siempre será mi papito.

Por otro lado, mi esposo, el padre de mis hijos. Un papá de la generación de hoy que, sin embargo, fue criado por un padre con todas las características de los patriarcas de generaciones anteriores. Desde que estaba embarazada con mi primer hijo y lo vi comprarse para él, para su uso exclusivo una pañalera tipo mochila (tenía que ser una pañalera cool, pues) y lo vi probando coches que le fueran cómodos a él (a mí que me parta el rayo), supe el tipo de padre que iba a ser: cariñoso, comprometido, engeridor, generoso y total y absolutamente pisado por sus tres hijos.  

En consecuencia, nuestros hijos crecen seguros, felices y LO AMAN. Lo aman con amor verdadero: así, tal y cómo es. Les encanta él, les encanta su perenne dolor de espalda, sus explosiones de cólera (que yo odio y ellos se ríen), aman su panza (que él odia) y verlo hacer crucigramas, aman sus 4 pelos parados (siempre los dibujan) y por supuesto, aman la comida que les prepara: mis hijos son todos unos carnívoros amantes de la parrilla.

Leo estas líneas y no puedo dejar de sentirme bendecida y muy agradecida. Agradecida por el maravilloso papá que tengo, que hasta el día de hoy me hace sentir segura de quien soy y cómo ando por la vida; y por el tremendo papá que les conseguí a mis hijos - sí yo se los conseguí ;).
¡Feliz día a mis neuro papás y a todos los papás!

lunes, 5 de junio de 2017

¿Cómo criar hijos exitosos?

La eterna pregunta de las neuro-madres (y neuro-padres también). ¿Cómo hago para que mi hij@ sea un adulto feliz, próspero, exitoso? ¿Cómo hago para que mi hij@ desarrolle al 100% sus capacidades? ¿Cómo alimento su potencial, su deseo de crecer?

Y es que, hoy por hoy – creo yo – es esto lo que entendemos por éxito: personas felices, desarrollándose plenamente en el camino de vida que han elegido, sabiendo enfrentar satisfactoriamente las dificultades que la vida presenta. Y, creo que no me equivoco cuando digo que todas las madres y padres queremos eso para nuestr@s hij@s.

Pero, ¿cómo lo logramos? ¿Cómo conseguimos criar hijos exitosos que se conviertan en adultos felices e íntegros? ¿Hay una fórmula del éxito? Si es así, ¿cuál es? Esta neuro-madre se ha dedicado los últimos 7 años a intentar develar el misterio en la práctica, y los últimos 2 meses en la teoría y les digo que no existe una única fórmula del éxito (lo cual es muy bueno, créanme); sin embargo, sí hay muchos comportamientos que las madres de hijos exitosos tienen en común, y esta neuro-madre, se los trae acá luego de conversar con varias de ellas y leer los siguientes libros The Battle Hymn of the Tiger Mother (Amy Chua) y Positive Pushing: How to raise a succeful child (James Taylor).

Primero, las conversaciones. Mi tía, madre de 3 hombres. Tres adultos felices, trabajadores y responsables. Dos de ellos con hermosas familias a las que se dedican full, y ahora uno de ellos, se va a Harvard (para mí eso, es un éxito). Y ojo, acá no quiero decir que no hayan tenido uno que otro tropezón en la vida, porque claro que los tuvieron y algunos muy grandes. Pero, lo importante es que salieron adelante con empeño y entusiasmo.

También, mi cuñada. Sus tres hijos (2 hombres, 1 mujer) se graduaron de los primeros puestos en el colegio y ahora, universitarios continúan entre los primeros puestos. No sólo eso, sino también son chicos muy nobles y respetuosos, deportistas y amigueros. Ella cuenta – al igual que mi tía -  que siempre estuvo (y sigue – me consta) “atrás” de sus hijos. Les dio organización y estructura con límites claros y firmes. Ahora que ya tienen más de 18 años, mi cuñada sigue apoyándolos en lo que necesiten.  



Finalmente, conversé con mi amiga Damarita que tiene hijas más o menos de las edades de los míos y que son niñas súper destacadas: excelentes notas, buenas deportistas, tocan como maestras sus instrumentos y son súper educadas. Como ella misma lo dice: “Les enseño a tener sus metas claras, ser persistentes, organizadas.” Las niñas tienen una rutina creada y ella es muy disciplinada con los horarios. Y ahora, las niñas cumplen sus rutinas y tareas prácticamente sin supervisión.



También conversé con mi hermana Daniela, mi amiga Gigi (me contó los secretos de su madre), mi mamá, la esposa de mi primo y varias personas más. Y volví a leer los libros, y los comentarios y críticas a los mismos. 

Y esto es lo que he encontrado:   
·         Todas las mamás coinciden en “estar ahí”, “estar encima” o “estar pendiente” de todo lo relacionado a sus hij@s, sobre todo los primeros años de vida.
·         Están muy pendientes de lo académico y también de lo emocional.
·         Hacen un acompañamiento, seguimiento y control de las actividades que realizan sus hijos.  
·         Son organizadas, disciplinadas y estrictas. Los horarios se cumplen, las actividades se hacen, las tareas se terminan.  
·         También saben cuándo ser flexibles.
·         Alientan y “empujan” a l@s chic@s a lograr sus objetivos y buscar objetivos más grandes. No se rinden con ellos, no “tiran la toalla” con sus hijos.
·         Son incansables. No se cansan de estar “siempre ahí, siempre pendientes”, no se cansan de llevar, recoger y animar a l@s nin@s en el sinfín de actividades que tienen.
·         Procuran dar un ambiente de estabilidad emocional y tranquilidad en casa.

Por último, ambos libros coinciden con estos hallazgos y dan otros particulares, pero que no caben precisamente por lo particulares que son.

Esto fue lo que encontré, prometo investigar más al respecto y traerles LA biblia. Aunque, como ya lo dije líneas arriba no hay una fórmula mágica y única, pero sí creo que estas conductas generales nos pueden ayudar a criar hijos exitosos y felices. Y no está de más considerarlas ¿no? 

viernes, 12 de mayo de 2017

Es mi mamá

Todos los años, en todas las celebraciones del día de la madre de cada uno de mis hijos, siempre nos cantan la misma canción: “Es mi mamá” de Miss Rosi. Para mí, que vengo escuchándola sin parar desde hace 6 años, es un clásico y parte infaltable de mis celebraciones por el día de la madre.  No hay celebración de día de la madre que valga si alguno de mis hijos no me canta esta canción.

Y este año, será que estoy melancólica porque mi última hija se gradúa del nido, que me he puesto a pensar en  nosotras las mamás, en todas las mamás y sobre todo en mi mamá.  No sé si a todas les pasa, pero a mí sí, siempre tengo un pequeño sentimiento de culpa escabullido por ahí. Un pequeño desasosiego culposo que me dice: hoy gritaste mucho, hoy tuviste poca paciencia, hoy te dedicaste mucho a tus cosas, estás gorda (también me dice eso, el maldito), podrías haberlo hecho mejor…

Y este sentimiento de culpa, no me deja disfrutar del todo mi maternidad.

Menos, en las celebraciones del día la madre…

En estas celebraciones, en que veo a mis hijos cantando y bailando a voz en cuello (bueno, mis hijas porque mi hijo apenas si mueve los labios) esta canción o cualquier otra canción que hayan decidido dedicarme, es que me libero de las culpas, me río y me divierto y disfruto plenamente de ser mamá, de ser su mamá. Me veo reflejada en sus ojos y me veo tal como ellos me ven, plena. Perdono mis errores, dejo de lado mis faltas y me doy cuenta que soy humana, que me equivoco y que ellos me quieren así, así como soy.
Mamá e hija abrazadas ilustración

Pienso también en como muchas de nosotras – madres - nos juzgamos entre nosotras “castigamos” a quienes ejercen una maternidad distinta o se salen de la norma. Olvidando muchas veces, que a quien juzgamos es una mamá, como nosotras, con sus defectos y virtudes, pero que para sus hijos “es su mamá” y eso es suficiente.

Y cuando pienso en esas mamás que se salen de la norma, pienso en la mía. Hasta el día de hoy es fuera de lo común. Y sé también que ella tiene un pequeño sentimiento de culpa que la acecha por no haber estado “ahí” tanto como le hubiera gustado pero, así como mis hijos me cantan y se me olvida, así quiero cantarle con mi voz desafinada y que se vea en mis ojos como yo la veo a ella y se olvide de culpas y sea feliz:
¡Es mi mamá, es mi mamáaaaaa [insertar gallos, voz desafinada, palmadas y saltos] y hoy que es tu día yo te quiero abrazar. Es mi mamá, es mi mamá y hoy que es tu día yo te voy a cantar!!!


¡Feliz día a todas las mamás! hoy celebramos sin culpas y queriéndonos mucho. 

martes, 2 de mayo de 2017

¿Cómo motivo a mis hijos para que hagan tareas?

A estas alturas creo ya tod@s los que me siguen (y vari@s que no) han visto el meme que realicé luego de una tarde de terror haciendo tareas con mi hijo mayor. No es que siempre sea así, pero hay días. Debo mencionar también, que yo no me siento a hacer tareas con mi hijo pero, ese día en particular, mi hijo me pidió que lo acompañe.
Beauty and the beast motherhood meme
Facebook.com/NeuroMamaBlog
Usualmente, cuando él hace tareas yo estoy por ahí dando vueltas lo suficientemente cerca para ayudarlo pero, lo suficientemente lejos para evitar episodios como los del día en cuestión.


De otro lado, en el colegio de mis hijos las tareas son misérrimas. Los peores días a mi hijo mayor (que está en 2do de primaria) le mandan 3 hojas de tarea además de su lectura diaria de 8 minutos. De igual manera, a mi hija la segunda (que está en kínder) le mandan prácticamente cero tareas. Sin embargo, lograr que se sienten a hacer sus [mini] tareas es todo un reto. Algunos días fluye pero otros... incluyen 20 minutos previos de pedidos, chantajes, sobornos y – en algunas ocasiones – amenazas.  

Conversando al respecto con una amiga blogger (Andrea de Mamá Quiero Leche), me sugirió un post que ella escribió hace tiempo sobre cómo logró motivar a su hijo mayor a que haga tareas (lo pueden encontrar acá: El Baúl de las Tareas). Además, coincidió con que terminé leer un libro sobre crianza que me motivó bastante y se los recomiendo (Amy Chua: The Battle Hymn of the Tiger Mom, en español: Madre tigre, hijos leones). En el cual postula que somos las madres (o padres, como prefieran) los que debemos darle a los niños los motivadores externos para trabajar duro, estudiar, destacar y triunfar todo esto sin miedo a exigirles. Pues, parte de la premisa que ellos pueden. Una vez crecen con esta ética de trabajo, la internalizan y tienen el motivador interno que los empuja a cumplir y destacar. 

Así, esperanzada en que llegará el día en que encuentren la motivación interna que los lleve a sentarse solos y hacer las tareas, me he puesto manos a la obra en sembrarles la semilla del estudio y – no lo voy a negar – las ganas de sacarse buenas notas y destacar (que de eso, mis hijos nada).

Para hacerlo, me remonté a los orígenes: mi madre (que sin saberlo siguió el método de Amy Chua). Mi mamá con las 4 fue muy estricta. Hábitos, horarios y RUTINA. La gente exitosa tiene buenos hábitos y orden (ella no se acuerda de decirlo, pero yo sí recuerdo haberla escuchado). Con una rutina diaria que incluye hacer tareas los niños ya saben que esperar. Y aunque no lo crean, tener un horario bien establecido me está ayudando muchísimo con la motivación para hacer tareas de mi hijo mayor.
Beautiful brown eyed boy 2 years age holding phone loking bored and cute
Que divertido!

También, con mi hijo mayor sirven mucho las recompensan materiales. Él siempre está coleccionando algo, siempre quiere algo. Entonces, para motivarlo aún más, le pongo metas semanales: “si haces las tareas con buen ánimo y sin perder el tiempo durante toda la semana, te ganas un paquete de plastilina dura” (las ama). Hasta ahora me sirven las metas a corto plazo, porque realmente a largo plazo ni él ni yo las vislumbramos. Por otro lado, los motivadores de mi hija la segunda son más emocionales (con ella sí me siento a hacer las tareas) y son del tipo: “si te esfuerzas duro hoy y haces la tarea rapidito me acompañas a hacer las compras ahora, solas tú y yo, sin tus hermanos”.


No voy a negar que hay días en los que hasta mí cuesta seguir con estas rutinas (¡¡vacaciones por favor!!!). Pero lo importante es ser constante. Soy una fuerte creyente que, una vez pasado el incentivo externo inicial, los niños internalizan la motivación por el conocimiento y el aprendizaje que viene con las tareas. El incentivo se vuelve interno y las tareas parte de su rutina. Y digan lo que digan, la gente organizada y con motivadores (de conocimiento y curiosidad) internos suele ser la gente más feliz y exitosa. Y, creo que a eso, apuntamos todos. 

lunes, 10 de abril de 2017

Netflix presenta tus NO típicas películas de Semana Santa

¿Eres de la generación que solo ve Ben-Hur, Los 10 Mandamientos (las dos con Charlton Heston de protagonista) o Jesús de Nazareth (la de 1977) durante la Semana Santa? O, ¿quizá vez algo con un poco más de acción como Quo Vadis?  

Pues creo que llegó el momento de actualizar tu repertorio y ver estas películas No tan típicas en Semana Santa que nos trae Netflix Latinoamérica pero que te harán reír, llorar y reflexionar sobre el verdadero significado cristiano y católico de Semana Santa. Y ¿por qué no? También cuestionar a la Iglesia, el mundo y el verdadero significado del cristianismo.

Sin más acá van mis 5 favoritas. Las 5 me han hecho reír, cuestionarme y reflexionar sobre mi fe y lo que significa ser creyente hoy.
Poster película tierra de María

1.       Tierra de María: Mary’s Land. Director: Juan Manuel Cotelo. España, 2013
Es una película hecha en corte de documental (entrevista a gente de la vida real). Súper entretenida. En la película un católico común y corriente es el nuevo “abogado del diablo” cuya misión es investigar a la gente que aún confía en las “recetas del Cielo”. ¿De verdad siguen creyendo en eso? ¿son charlatanes? ¿crédulos? ¿0?...  

poster película salvados

2.       Saved! Director: Brian Danely. USA, 2004
Me encanta. Súper entretenida y reflexiva. Ideal para verla con adolescentes (actuales y los que fuimos, jejeje). Es una típica “teen movie” pero con la particularidad de poner en claro lo que es importante en cuanto a la religión se trata. En un high school cristiano una alumna sale embarazada, pero quien mejor actúa al respecto no es El Pastor ni la chica más “rezadora”. Oportunidad para ver a Macaulan Caulkin y Mandy Moore junto a varios ídolos adolescentes de aquel entones.   



3.      
La Biblia – La Miniserie. Directores: Roma Downey, Mark Burnett. USA, 2013
Lo que más me gusta de esta miniserie es que ha sido realizada bajo la guía de los reputados historiadores Dirk Hoogstra y Julian P. Hobbs además, la serie se estrenó en History Channel (lo que para mí es una garantía que atrás hay una investigación seria).
Poster película Philomena

4.       Philomena. Director: Stephen Frears. Inglaterra-USA, 2013
      Un dramón de la vida real. Esta película acumuló muchos premios de la crítica especializada. Philomena está basada en el libro The lost child of Philomena Lee de Martin Sixsmith, que narra la verdadera historia de Philomena Lee y la búsqueda de su hijo durante cincuenta años. Esta película sirve para reflexionar sobre el abuso de poder en la Iglesia y los atropellos que se cometieron. Para que no vuelva a ocurrir jamás.

5.       Dios No está muerto 2. Director: Harold Cronk. USA, 2016
La 2, porque la 1 es demasiado cliché para mi gusto. Además, esta tiene como protagonista a mi ídolo infantil Melissa Joan Hart. Ojo, es una película cristiana, cristiana desde el primer segundo. El sound track también es Cristiano.  Pero, la peli invita a preguntar hasta dónde estamos dispuestos a llegar por nuestra fe.

Dios No existe película 2


                                                                                                                                                           Finalmente, no podía faltar la recomendación de películas para niños. Ambas de DreamWorks.

Películas para niños en Semana Santa
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1.       José, el rey de los sueños. La historia de José. ¿No la sabes? Pues mira la peli, porque es tal cual la encuentras en la Biblia.



2.       El príncipe de Egipto. Es la historia de Moisés. ¿Tampoco la sabes? Entonces te recomiendo que empieces ya con la recomendación #3. El documental de la Biblia porque estás bien atrasad@.

    Y bueno, eso es todo. Feliz Semana Santa para tod@s!!

martes, 4 de abril de 2017

Mi cama es mía y sólo mía

… ¡y en mi cama solo se duerme, se mira tele y se tiene sexo!

Eso nos gritaba mi hermana a voz en cuello a mis primas y a mí hace un par de semanas. Nos habíamos juntado en una noche de primas y yo me estaba quejando de lo mal que duermo últimamente pues, diariamente soy víctima de múltiples invasiones nocturnas a mi cama. Lamentablemente para mí, no puedo decir como mi hermana, que mi cama es mía y sólo mía. En algún momento la perdí y hoy le pertenece a toda mi familia. Y eso estaría bien si yo fuera practicante y/o promotora del colecho, pero NO lo soy. Y no sólo eso, estas invasiones nocturnas están arruinando mi descanso, mi nivel de energía, mi humor y hasta mi vida sexual.

Mi hermana, fiel seguidora de Tracy Hogg, admiradora del método Ferber y autora del célebre post: “Si tu hijo no duerme, es tu culpa” (clic acá para leerlo) es fiel creyente que a los niños hay que enseñarles a dormir, y enseñarles a dormir solos es uno de los mejores regalos que una madre le puede dar a sus hijos. Con esto, mis dos sobrinos de 2 y 4 años duermen solitos corrido todas las noches, y JAMÁS se pasan a la cama de sus papás. Si tienen pesadillas o se sienten mal, apenas se asoman a la esquina del cuarto de mi hermana (no entran) y la llaman. Ella o mi cuñado van y los acompañan de regreso a sus cuartos y ahí los dejan durmiendo de nuevo. Por otro lado, mi prima también es seguidora de Tracy Hogg y su método; y aunque no es tan fiel ni estricta como mi hermana sus hijos no se pasan todas las noches, toda la noche.


Así que estoy sola. No sé en qué momento perdí el control de la situación. Pero, creo que fue hace casi 4 años atrás cuando nació mi última hija y entre las lactadas nocturnas y el agotamiento diario, caía como un tronco en mi cama y no me importaba si tenía a todo el vecindario durmiendo dentro. Mi esposo también andaba muerto y así, nos dejamos ganar. El problema es que ahora los 3 se pasan casi todas las noches. Y si no son los 3, por lo menos 2 de ellos se pasan y encima mis hijos - los 3 - son gigantes. No son unos chiquititos pequeñitos que casi no se los siente. No, para nada. Son grandazos y ocupan un montón de espacio.

La situación se ha agravado con el regreso a clases, pues en el verano mi hijo mayor no sólo dormía en su cama toda la noche. Si no, se acostaba solo. La segunda y la tercera no se pasaban con la misma intensidad ni frecuencia que ahora. Por lo que definitivamente hay un factor de ansiedad y estrés muy fuerte en estas visitas nocturnas. Factor, que tengo que tomar en consideración.

Pero, estoy preparada para reclamar mi cama de nuevo. Volver a tomar posesión de ella. Tengo acá varios libros de niños para incentivarlos a dormir solos: el de psicólogas S.O.S, uno que tomé prestado de la biblioteca de una amiga y otros dos que me compré por internet. Tengo libros en español y en inglés (por si no les entra en un idioma). Mi esposo y yo estamos alineados, volví a leer a Tracy Hogg y a Winnicott y estoy mentalizada. ¡I’m ready!

Con mucho amor y con mucho respeto mis hijos se van de mi cama, y espero pronto poder decir como dice mi hermana: ¡Mi cama es mía y sólo mía, y sólo será usada para dormir, ver tele y tener sexo!


Dios ayúdame.

miércoles, 22 de marzo de 2017

¿Cómo puedo ayudar a los damnificados de los huaycos?

A estas alturas ya todos somos conscientes de la grave situación por la que está pasando nuestro querido país. Desbordes, huaycos, “diluvios”, cortes de agua, racionamientos y similares son parte de nuestro vocabulario diario y de nuestro día a día. Ante tanta catástrofe y necesidad muchas nos preguntamos ¿Cómo puedo ayudar a quienes perdieron todo por los huaycos? ¿Qué puedo hacer si no estoy en la posibilidad de salir a las zonas de emergencia a ayudar?
Holding hands helping Perú in huaycos

Creo que muchas nos sentimos impotentes de no poder hacer más, de no poder ir en persona a las zonas afectadas por los huaycos a quitar lodo, recuperar vías y viviendas, a ofrecer un abrazo y dar apoyo, a repartir donaciones (asegurándonos de paso que lleguen a quienes más lo necesitan). Ser un poco más Indiana Jones y menos Martha Stewart, por un momento. Muchas nos quedamos en casa cuidando de nuestra propia manada y sentimos que no hacemos suficiente.

Si tú eres de las que siente que no hace suficiente y quiere hacer más aquí te dejo algunos ejemplos de cómo hacerlo recogidos de gente que está en la zona de acción o madres que ayudan como cuando eran "niñas scouts":

1.       NO retransmitas mensajes, ni audios, ni fotos cuyas fuentes no hayas podido verificar. Sí, incluso ese mensaje que mandó una mamá al chat del salón ese en el que dice que su cuñada, prima, - pon un familiar no tan cercano acá - trabaja en Sedapal o similares. Retransmitiendo esos mensajes solo generarás más olas de pánico y caos. Aunque no lo creas, ayudas MUCHO manteniendo y generando calma en estos momentos de angustia generalizada.

2.       Dona. Dona todo lo que puedas y mejor si lo haces siguiendo los pedidos específicos de necesidades.  Actualmente se necesita: artículos de aseo: pasta y cepillos de dientes, gel desinfectante de manos, pañitos húmedos, repelente, bloqueador, velas, fósforos, pilas y linternas, colchones, botas de jebe y comida enlatada lista para comer.

3.       Puedes ofrecer tu casa como centro de acopio. Quizá tienes muchas vecinas, amigas, familiares que quieren donar y no saben a dónde o no tienen tiempo de llevar sus donaciones, puedes ofrecer tu casa como punto de acopio y llevar las donaciones a un centro de tu confianza. Algunas empresas de taxi llevan donaciones de manera gratuita. Centros de acopio 1: clic acá y centros de acopio 2: clic acá

4.       ¿Puedes salir de casa por algunas horas? El centro de acopio de Palacio de Gobierno está en constante necesidad de voluntarios. (En el mismo palacio, en el centro de Lima).

5.       NO critiques, no insultes. Si no te parece bien lo que está haciendo el gobierno, la oposición, el partido político que más odias o tu amiga/o figuretti de Facebook que se toma selfies entregando donaciones con el huayco de fondo, está bien. Estás en tu derecho. Pero, no ataques, pelees, ni te burles (este último va para mí). Cada uno ayuda como sabe hacerlo.

6.       No te quejes por favor. Sí; esto de no tener agua es horrible. Pero, no ganamos nada quejándonos en nuestras redes sociales y fomentando la histeria y el desorden.

7.       Reza, ora, medita y/o manda buenas vibras. No importa cuál sea tu religión o creencia necesitamos rezar por nuestro país, por los damnificados. El poder de la oración es fuerte. Si eres de los bendecidos que no ha sido afectad@, agradece.

Aunque no lo crean haciendo estas 7 cosas ayudamos mucho. No debemos sentirnos mal por no estar en la zona de acción o por no tener nada impresionante que hacer. Son las pequeñas cosas del día a día, las que hacen las mayores diferencias.


#FuerzaPerú #UnaSolaFuerza

martes, 28 de febrero de 2017

La hiperactividad el déficit de atención y yo


Hace tiempo que tenía la idea de escribir sobre mi experiencia personal con el déficit de atención y la hiperactividad pero, no fue hasta que asistí al santo de un amigo de mi hijo de 6 años – dónde las mamás presentes conversaban sobre el pésimo comportamiento de un niño - que tuve un deja vú a mi propia infancia y me animé a hacerlo. Efectivamente, el niño del santo era un poco (bastante) más movido que el resto. Las mamás no entendían lo que había atrás del comportamiento del niño. Yo sin embargo, lo entendí de inmediato; era un niño hiperactivo. Esa noche me dije a mi misma que había llegado el momento de sincerarme con el mundo y conmigo misma.

Así que acá va, espero que mi experiencia sirva para ayudar tanto a las mamás cuyos hijos pasan por lo mismo que yo pasé, como a las mamás cuyos hijos son amigos de un niño que tiene algún tema que lo hace distinto al resto (¡aunque todos los niños son distintos!).

Cuando cursaba segundo grado de primaria en mi colegio les pidieron a mis papás - como condición para continuar – que un neurólogo y un psiquiatra me evalúen y determinen porqué razón no paraba de moverme y mi nivel académico era tan bajo. Luego de ser evaluada, y con las pocas herramientas que se tenían en aquel entonces los doctores llegaron a las siguientes conclusiones: 1) era hiperactiva. 2) tenía déficit de atención. 3) tenía un alto nivel de inteligencia lo que traía que me moviera más, me aburriera más, e hiciera cosas mucho más “terribles” y “malcriadas” que un niño “normal”. Con ese diagnóstico las monjas les pidieron a mis papás que me cambien a un colegio más acorde con mis necesidades. Ellas no iban a cambiar su sistema. Así que, mis papás me cambiaron a un colegio nuevo, personalizado, pequeño, sólo de mujeres y católico en donde iban a tener la paciencia para “aguantar” mis cosas (no sé si fue lo mejor, pero es lo que había en esa época).

El colegio para mí fue una experiencia muy difícil. Lo fue porque yo era distinta y muchas profesoras, algunas compañeras y sus madres no lo entendían y me lo hacían notar. Yo no era una niña de 8 años, yo era una malcriada, terrible, la peor de la clase y ellas tenían que aguantarme. Mi infancia pasó así, siendo “aguantada”. Por un lado, esto fue muy difícil, pero por otro me hizo adquirir carácter, un carácter fuerte, que me enseñó a enfrentarme a todo y a todos. Me creí el papel de terrible y aprendí sobrevivir como tal…

Nunca olvidaré como en quinto grado una niña hizo una fiesta inmensa e invitó a todo el salón menos a mí. Yo era la terrible y la mamá de la niña pensaba (quizás con razón) que podía quemar su casa… Hay cosas que se te graban y te enseñan a ser fuerte.

Al pasar los años mi comportamiento fue de mal en peor, no podía tener un cuaderno con letra al nivel que debía estar, no sé cómo aprendí a leer, no sabía restar, apenas sumar ¿química? Las profesoras ya no jalaban y se rendían ante mis ganas de no querer estar ahí. No voy a ser mezquina, tuve profesoras maravillosas que me tenían paciencia y entendían mi condición, pero también había otras, así como chicas de mi clase que pensaban que yo era una fresca y tenía “privilegios” porque al final no me expulsaban. Ese grupo de personas me declaró la guerra, inclusive hasta hoy me encuentro con comentarios desafortunados de alguna de ellas… y bueno, así pasaba mi día a día, llenándome de odios, rabias, y sin entender por qué yo no era igual a las que me lo decían todo el día.

Hasta que un día se abrió un curso de golf para niños y niñas, y mi mamá me matriculó. Obviamente, no pude estar quieta más de 5 minutos y la clase fue un desastre; al terminar el profesor vio a mi mamá y le dijo: señora esta niña no debería jugar golf, ella debería hacer algo más activo (yo tenía 11 años y estaba ahí escuchando mientras se lo decía). Otra vez, yo no era para algo y el mundo se encargaba de hacérmelo saber. Pero en esa oportunidad, decidí - a mi corta edad - que nadie más me iba a decir lo que yo podía o no podía hacer. Así que le dije a mi mamá (maravillosa mamá) que quería seguir con el golf, y ella, sin dudarlo, aceptó. 

Conociéndome, mi mamá me propuso: “si tú haces una hora de golf, yo te pago 10 soles. Por cada hora te pago 10 soles”. Así empezó mi travesía por la “cura” de mis males. Al día siguiente, empecé a jugar golf a las 9 de la mañana, y golpeé bolas sin tener idea de del deporte, por más de 5 horas, sin parar ni siquiera para ir al baño o tomar agua. Era tal el show que llamó la atención de un profesor muy mayor que estaba cerca. Al ver mis manos luego de las 5 horas de juego, todas rojas y llenas de heridas, me dijo que quería enseñarme a jugar, y que él me iba hacer campeona. Él por su edad no tenía muchos alumnos y a mí me sonó cool que por primera vez, alguien más que mi mamá, me dijera que yo podía ser algo.  Éramos un buen equipo.

Para hacerla corta, empecé con el golf, y nunca lo dejé, mi profesor viejito cumplió su promesa, con mucha paciencia, me enseño a jugar y a jugar bien, todas esas horas de práctica, los 7 días de la semana, dieron sus frutos. Fui subcampeona nacional dos veces consecutivas a los 16 y 17 años, y viaje al junior world championship dos veces a competir contra el mundo, y a Brasil  al sudamericano juvenil de golf.

El golf fue mi terapia, mi paz y mi herramienta para manejar mi condición, me enseñó a manejar la hiperactividad como un combustible para lograr mis metas. Me enseñó a ser consecuente, disciplinada, a concentrarme. Entendí, que el ser distinto era una ventaja si podía manejar mi mente. Aprendí a usar el tiempo como herramienta a mi favor, y cuando llegó el momento de entrar a una universidad y tenía que estudiar en 5 meses todo lo que no había estudiado en mi vida, mi deporte una vez más, me ayudó. Aprendí a estudiar a los 17 años. El deporte me dio la madurez que necesitaba para nivelar mi comportamiento.

Y así termina mi historia, y si me preguntan cómo me fue, creo que bien a pesar de todo. Nada es perfecto, pero lo hago lo mejor que puedo. Me gradué de derecho “summa cum laude” en una buena universidad. Me casé, tengo dos hijos a los que amo y mientras los veo crecer intento ser lo más normal posible, sigo jugando golf, pero ya no competitivamente sino como “terapia de relajamiento”. Aunque hace unos días una amiga me preguntó cómo podía correr 10 km y jugar 18 hoyos de golf después…a lo que respondí….es que yo soy un xmen, jajajajajaja

Ojalá les sirva mi relato. A aquellas mamás que les ha tocado un niño difícil les digo, no se rindan nunca, como mi maravillosa mamá que nunca perdió por un minuto la fe en mí (de ella tengo tanto que aprender). Busquen siempre una alternativa. Si su hijo es hiperactivo averigüen que deporte les puede gustar; si su hijo se distrae jueguen legos con él, etc… La mejor terapia es el amor y siempre es más importante que un psicólogo. El niño es lo que sus padres hacen de él.

Y si no es tu caso, pero conoces a un niño difícil, piensa en lo difícil que ya es el mundo para él. Sólo es un niño. Hablen con sus hijos sobre la diferencia entre las personas, y la necesidad de respetar dichas diferencias. La vida da vueltas y uno nunca sabe cómo va a terminar la historia. A juzgar menos y comprender más.

Un beso grande a todas, 


Alexandra 

NeuroMamás Invitadas

Alexandra Grieve

Es madre de 2 pequeños, un niño de 6 y una niña de 3 años. Es abogada y ahora trabaja a tiempo parcial desde casa. Está casada y vive en Lima, Perú dónde pasó toda su infancia y adolescencia.

“Gracias a Milagros, a quien le conté primero mi historia, y me alentó a escribirla, y no solo eso, sino que, además, me prestó su blog, que es tan honesto, y funge de guía y ayuda a las mamás en un mundo en donde hoy todo es un tema, todo es un problema, y todo necesita ayuda profesional (o sea, terapia). ¡¡No venimos con manual!!

Espero que mi experiencia sirva para ayudar tanto a las mamás cuyos hijos pasan por lo mismo que yo pasé, como para aquellas cercanas a un niño con alguna característica que lo hace “diferente” (¡aunque todos somos diferentes!)”

lunes, 20 de febrero de 2017

En San Valentín ¿A dónde se fue el amor?


Este San Valentín no recibí flores, ni chocolates, ni regalos. Menos aún, una joya (snif) ni nada por el estilo. Tampoco salí a comer, tomar, bailar ni al cine. Valgan verdades, hace años que no hago ninguna de las anteriores no sólo porque me llega tener que celebrar obligada por un tipo de mandato comercial, sino también porque el tráfico es más infernal que de costumbre y todo revienta de gente.

Lo interesante acá, es que ni cuenta me di que había sido, o era más bien dicho, San Valentín. Para mí era una día común y corriente de correteos. Caí en cuenta recién a la hora de la cena cuando una amiga me cuenta que estaba saliendo a comer con su marido a un sitio súper lindo y que no sabía que ponerse.

Pareja besándose en san Valentín con globos rojos

No quiero decir que estaba triste, porque en verdad no lo estaba. Pero de hecho estaba chocada, pues si bien mi marido y yo no somos los grandes celebradores de esta fecha siempre recibo mis reglamentarias flores y así me acuerdo que es San Valentín. Bueno pues, pensé, ya son 10 años juntos, ¿no? Tenía que llegar el día que se olvide de una celebración. Mejor que sea San Valentín, que un aniversario o algo así.

Debo reconocer que las manifestaciones de amor entre mi esposo y yo han cambiado mucho. Ya no son los besos intensos y eternos de cuando éramos enamorados, ni los regalos costosos y extravagantes de cuando éramos novios. Tampoco son escapadas románticas a sitios exóticos (con 3 hijos chiquitos, difícil). Nuestras manifestaciones de amor se han vuelto más infrecuentes. (leer con chiquitos no hay chiquitingo)

Así que me puse a pensar y a recordar. ¿Qué estaba pasando entre nosotros? El día de San Valentín mi esposo puso su despertador tempranito. Lo puso así, para poder llevarme a la clínica, que queda al otro lado de Lima, a que me tomen rayos x. La noche anterior fungió de mi chofer llevándome y trayéndome por todos lados (pues el dolor de codo no me deja manejar bien) y me acompañó al médico. Se sopló conmigo toda la espera al doc. en el hospital, a pesar que él odia los hospitales y doctores. Luego de la cita con el médico nos fuimos a comer a un sitio rico para que yo no esté tan triste por mi codo roto que me impide hacer deporte. Paramos en 3 restaurantes antes de elegir uno pues, como no teníamos reserva nos daban sitios sumamente incomodos. Sí, ya sé que engreída. Pero, me dolía mucho el codo y quería estar cómoda y comer rico. Y él supo reconocer eso sin criticarme.

Recuerdo también que mi esposo se pasa sábados enteros acompañándome en mis campeonatos de natación y días de días, escuchándome sobre mis entrenamientos, escrituras y reflexiones de todas las cosas que necesito hacer. Comparte orgulloso cada uno de mis logros. Los aprecia más que yo. Y aunque no siempre estemos de acuerdo en todo, siempre apoya y respeta todas mis decisiones. Me deja ser al 100%. Con él, yo soy más yo que nunca en mi vida.  

Y sí pues, este San Valentín no recibí flores, ni tarjetas, ni regalos. Pero, no los necesito. Tengo el regalo de contar con un compañero que me ama y comprende como nadie. Un compañero que hace que mis cosas ordinarias se vuelvan extraordinarias. Alguien con quien celebrar el amor en el día a día y darme cuenta que el amor está aquí, presente en los pequeños detalles.

Y bueno, antes que me olvide. El 15 de febrero a las 7:00 a.m. llegaron flores, globos y chocolates con una gran tarjeta de disculpa.
Eran de la florería, se habían confundido. Con tantos pedidos su servicio colapsó y no pudieron llegar a algunas casas. Esperaban que la hayamos pasado bonito y nos pedían mil disculpas.

Sí, la pasamos lindo gracias. Este año recibí el mejor regalo de todos: amor de verdad.